Miércoles, 20 Octubre 2021
Impuesto al patrimonio

Impuesto al patrimonio Destacado

Por Marco Flores T.

En épocas electorales pero sobre todo para esconder el mal manejo de la economía y la asignación de recursos públicos, aparecen quienes proponen imponer el destructivo impuesto al patrimonio, llamado también impuesto a la riqueza, disfrazándolo de «impuesto a los ricos», para que suene y se oiga mejor, especialmente en el Ecuador que tiene a más de la mitad de su población atrapada por estancamiento económico, marginalidad, desempleo y pobreza.

En lugar de impulsar los impuestos directos y progresivos que son los que realmente hacen que paguen más quienes más ganan, quienes más ingresos reciben, proponen castigar ahorro acumulado por años de trabajo, luego de impuestos que ya fueron pagados. Es pagar impuesto sobre impuestos.

El impuesto al patrimonio ha fracasado en todo el mundo no solo porque afecta muy negativamente el proceso de ahorro e inversión, y porque no todo patrimonio genera renta ni la liquidez necesaria (efectivo) para pagar el impuesto, sino además porque no es posible alcanzar la felicidad por ley, usando dinero ajeno, legítimamente ganado y ahorrado para cuidar de la familia, enfrentar lo incontrolable y vivir la vejez.

El impuesto al patrimonio es la permanente propuesta de quienes creen que el problema son los ricos y no la pobreza, como si los pobres existieran porque existen los ricos. Es la propuesta de falsos profetas quienes desde su ignorancia solemne y resentimiento social irremediable, pretenden apoderarse de legítimos ahorros, predicando la mentira de que así se legisla para «ayudar a los más pobres y vulnerables», cuando lo que sucede es todo lo contrario.

No es raro entonces escuchar a autoproclamados «expertos tributarios», opinando desde una ignorancia que pretende reducir la economía a simple contabilidad, sumas y restas, como si fuese estática y lineal, desconociendo las destructivas consecuencias macroeconómicas de una propuesta que castiga el ahorro, única fuente que permite dar origen a la inversión productiva, generadora de crecimiento, empleo y progreso.

El impuesto al patrimonio es también la propuesta de quienes desconocen sus negativos efectos sobre la balanza de pagos, y sobre la seguridad y competitividad tributarías, promoviendo una inminente salida de capitales que en Ecuador reduciría a escombros la ya paupérrima inversión productiva por persona que solo el año 2020 se redujo en 13.1 %, mientras los ingresos de los ecuatorianos descendían al nivel de hace 10 años.

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