Miércoles, 20 Octubre 2021
Ruth Hidalgo: ‘Las movilizaciones violentas han perdido su valor’

Ruth Hidalgo: ‘Las movilizaciones violentas han perdido su valor’ Destacado

Ruth Hidalgo es abogada por la Universidad Católica del Ecuador. Actualmente es la Presidenta de Corporación Participación Ciudadana. Se desempeña además como Decana de la Facultad de Ciencias Políticas de la UDLA, desde el 2018.

  • Se anuncian movilizaciones. ¿Se acaba la luna de miel de los 100 días?

En los primeros 100 días los movimientos sociales y la ciudadanía en general se ponen en tregua para darle tiempo al nuevo Gobierno. Ya se termina esta luna de miel y se avizoran los primeros problemas para el Régimen. El anuncio de la Conaie de movilizaciones por los Decretos del anterior gobierno que eliminan progresivamente los subsidios de los combustibles ha mostrado un primer pulseo con una Conaie más bien amenazante, no dialogante, advirtiendo que si el 11 de agosto no se derogan los decretos van a llamar a una movilización. Sin embargo, la respuesta del Presidente ha sido enérgica, con base en la dolorosa experiencia que tuvimos que vivir, especialmente Quito, en octubre del 2019.

  • ¿Cómo se deben tomar las palabras del Presidente ante el tono amenazante de la Conaie?

La Conaie se reafirmó en su posición pero dice que está abierta al diálogo; el Presidente también llamó a un diálogo. Quisiera enfocarme en esa apertura porque significa una reflexión, un poco más de país. La ciudadanía no quiere caotización, porque una movilización representa paralización económica y si en algo los ecuatorianos estamos enfocados es en reactivarnos económicamente, después de una pandemia que nos ha tratado muy mal a todos. Desde la estrategia política, el llamado a una movilización no es un anuncio adecuado, porque va a dejar muy mal parada a la Conaie, les va a hacer perder su capital político, porque todo el mundo entiende que esta movilización va a significar paralización de servicios y de la economía.

  • Mañana marcha el FUT, hay demandas de los comerciantes, los maestros están en huelga. Pero más expectativa genera la Conaie. ¿Es por lo sucedido en octubre del 2019?

Se ve que en la agenda de la Presidencia hay un tratamiento de todos estos focos por igual. Sin embargo, el tema de los indígenas ha sido mucho más visibilizado, porque representa una fuerza política importante, ya que además Pachakutik, que es su aliado natural, tiene una bancada muy importante en la Asamblea. Ahora hay otros focos de protestas legítimos, pero es importante también no perderlos de vista; por ejemplo, lo que pasa con los maestros viene de una mala práctica política de aprobar leyes sin financiamiento. Desafortunadamente es una herencia que ha tenido que afrontar el actual Gobierno y cada caso tiene que tratarlo de la mejor manera posible y ver inteligentemente y técnicamente la mejor solución individual.


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  • ¿Llegó el momento de llevar todo a un diálogo abierto y democrático?

En el 2019, con los hechos de octubre, una de las críticas que se hizo al Gobierno de entonces fue que tomaron decisiones sin diálogo. Seguro será una negociación difícil, pero la paz y la democracia ameritan hacer ese ejercicio generoso en donde habría que ver hasta dónde se puede ceder. Quizá tras este proceso se levanten las partes sin un acuerdo, pero esperaría que ese desacuerdo sea sentado en bases democráticas y no con base en actitudes ni acciones violentas. Es un error pensar que la solución es la deses­tabilización y el caos: eso es pararle al país después de la pandemia y avivar la crisis. Hay que hacer concesiones generosas y además mostrar los liderazgos, el líder no se forja en base a la violencia, lo hace desde los procesos democráticos.

  • ¿Por qué estos sectores no ven que paralizar el país simplemente acarrearía más crisis económica?

Los movimientos sociales que promueven estas movilizaciones desafortunadamente están impregnados de un tinte ideológico sentado en criterios de las décadas de 1970 y 1980. No salen de esas visiones propias del siglo pasado. Eso les impide sintonizar las nuevas dinámicas de las democracias modernas, que son muy distintas a las democracias del siglo pasado, en las que las movilizaciones eran quizá la única manera de poder visibilizar los problemas, ante la ausencia de Internet y de redes sociales. Vivimos en una sociedad totalmente distinta, la globalización y la tecnología nos han alcanzado a todos, de manera que ya las movilizaciones, sobre todo las que son violentas, han perdido su valor.

  • Tenemos ejemplos cercanos, las experiencias de Colombia y Chile…

La lección aprendida es que la violencia no es el camino, porque después no es que las condiciones mejoren, todo se radicaliza más. Los movimientos sociales son importantísimos en la historia del país y van a seguir siéndolo. Sin embargo, tienen que entender que las formas de resolución de los conflictos son distintas y tienen que ir permeándose de acuerdo con la realidad, porque si empezamos a atrincherarnos en temas ideológicos esto va a ser un diálogo de sordos.

  • Nuestra cultura política es ganar a como dé lugar y jamás ceder. ¿Quién debe doblar el brazo primero?

Creo que es el momento de tomar esta oportunidad por parte del oficialismo y generar una mesa de diálogo, de concertación o un acercamiento. Lo más importante en estos procesos es tener un buen facilitador externo, que no represente los intereses ni del uno ni del otro, para poner sobre la mesa los deseos de cada una de las partes y los mínimos y los máximos sobre los cuales se puede ceder. El problema aquí es cómo vamos manejar a futuro el disenso. ¿Lo vamos a manejar por la violencia o lo vamos a manejar con una oposición responsable? (El Comercio)

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