200 médicos llegan al hogar de los afiliado del IESS, 24 horas al día

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Al verlo le confiesan que llamaron solo por si acaso se haga el milagro, sin mucha confianza en que un médico, costeado por el Seguro Social, llegaría a su hogar. Luego -relata Danny Tobar- los pacientes empiezan a contarle los síntomas de sus dolencias.

Tobar es uno de los 200 profesionales de Home Care Med, del Programa de Médico a Domicilio. El personal de este prestador externo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) trabaja de 07:00 a 19:00 y de esa hora a 07:00.

El jueves 13 empezó su jornada en El Beaterio, en el sur de Quito, en la casa de Aylén. A la niña de 3 años le diagnosticó amigdalitis aguda bacteriana, por lo que le dejó amoxicilina (antibiótico para siete días) y además ibuprofeno (antiinflamatorio, para cuatro). “La mamá -cuenta Tobar- estuvo contenta. Lo primero que me dijo fue que no podía creer que un doctor les visitaría”.

David Ruales, subdirector General del IESS, comenta que la fase de pruebas del programa empezó en enero. Escogieron la capital porque dispone de centros de salud y hospitales, es decir todos los niveles de atención. Quieren fortalecer el primero, para que el usuario no llegue a pedir cita con un gastroenterólogo, por ejemplo al Carlos Andrade Marín, por dolor de estómago.

De ese modo, según el plan, ya no estarán saturadas las agendas de citas de especialistas, que podrían recibir, a tiempo, a quien lo requiera. Mónica Valencia dirige el ‘call center’, en donde reciben las llamadas al 140, del IESS. Laboran de 06:00 a 15:00, de 15:00 a 23:00 y de 21:00 a 06:00.

En ese lugar, ubicado en la av. De los Granados, los teléfonos no dejan de sonar durante las 24 horas. Por el lanzamiento del Médico a Domicilio recibieron hasta 800 llamadas diarias. Luego fueron entre 200 y 300. Lo primero que se pide son datos para validar la identidad del afiliado: número de cédula. Y así, en la pantalla se despliegan nombre, edad...

Los telefonistas confirman si está en el grupo objetivo: adulto mayor (65 años), menor de 5 años y persona con al menos 40% de discapacidad. Esa población -apunta el Subdirector del IESS- suele acudir, incluso por emergencia, a sus hospitales. La idea es atenderlos y evitar que ocupen citas que pudieran atender casos graves.

Ahora cubren todo el Distrito y los valles. Hasta Calderón, Llano Chico, Llano Grande, Carapungo y San Antonio; llegan a Carcelén Alto, La Gasca, Las Casas; en el sur, a Guamaní; en el valle de Los Chillos, hasta Selva Alegre y Sangolquí.

Ruales, funcionario del Seguro Social, explica que el telefonista aplica el Triaje de Manchester: sistema de clasificación y priorización de pacientes que existe desde los 90.

Con pocas preguntas se conoce si el afiliado necesita una atención de primer nivel (por gripe, malestar estomacal, entre otras afecciones). No hacen seguimiento de enfermedades crónicas y si se trata de una emergencia, la derivan.

Julio César Troya, de 74 años, marcó el 140 y logró que en ese mismo día lo visite un médico. Danny Tobar le consultó ¿es diabético, tiene presión alta, tiroides, es alérgico a medicamentos?, ¿qué fármacos toma?

En la sala de la casa, ubicada en San Bartolo, en el sur, Julio César le contó que sentía una molestia en la garganta. ¿Tose? En las noches, respondió. ¿Tos seca? Sí. Y algo de mocos.

La preocupación del jubilado empezó días atrás, luego de visitar a su suegra de 99 años, que estaba con neumonía. “Sí, los adultos mayores tienen las defensas más bajas y son más propensos a contagiarse”, le dijo, y empezó con el examen en el domicilio, que dura entre 30 y 45 minutos.

Del 10 de enero al 20 de febrero han recibido 4 204 llamadas, para este servicio. Se han concretado 3 590 visitas; el 66% para atender a adultos mayores. Hay un porcentaje que no está en casa cuando arriba el médico o le dice que solo quería probar si vendría.

Por cada visita a domicilio, el IESS puede cancelar entre USD 18 a 30. Dependerá de la medicina que entregue.

Según Ruales, del IESS, no es posible decir cuánto les costará al mes o al año este programa. No firman un contrato sino un convenio con el prestador externo. Se evaluará la pertinencia médica antes de facturar. Pero -anota- cada atención de este tipo, que abarca el Médico a Domicilio, al Seguro le cuesta USD 230 en un hospital de especialidad.

“Buscamos construir un modelo de salud”, insiste Ruales. Y comenta que esta es una de las estrategias para llegar al objetivo de mejorar la calidad de atención que recibe el afiliado.

Otra es la Telemedicina, que también va en fase de prueba. Suscribieron un convenio con la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), para trabajar en teleconsulta en San Lorenzo, Galápagos y Coca. De este modo han realizado 2 500 electrocardiogramas, dice.

¿Cómo funciona ese servicio? En poblaciones alejadas cuentan con unidades de primer nivel (como centros de salud). Allí los médicos familiares cuentan con tensiómetro, fonendoscopio y electrocardiógrafo.

Ellos toman los signos vitales del paciente, se conectan a la computadora, que genera un aviso a la contraparte de la Facultad de Ciencias de la Salud de la USFQ. Ellos evalúan el caso y retroalimentan al médico de la zona, que según la condición del usuario deberá hacer un examen y enviar la información al especialista.

De ser necesario, el paciente es enviado a un hospital de especialidad en la ciudad. Igual ocurre con el Médico a Domicilio. Si el doctor descubre que no es dolor de estómago sino anuncio de infarto al miocardio, se comunica con la central y envían una ambulancia. (El Comercio)

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