LA NOTICIA DEL AÑO: JORGE GLAS

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MONIGOTE: El arte popular parodió al vicepresidente Jorge Glas (i) y al exmandatario Rafael Correa (d), sus figuras se exhiben a lo largo de la calle 6 de Marzo de Guayaquil, 150 dólares cuesta cada monigote, 300 dólares la pareja.


Se podría decir que era como un camaleón, cambiaba el alias según las coimas: una veces JG, otras 'Vidrio', en fin. Detrás de todo este entresijo hay un nombre y un apellido: Jorge Glas, vicepresidente de la República, condenado a seis años de reclusión ordinaria por autor de asociación ilícita en la trama de corrupción jamás vista en el país: el caso Odebrecht.

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El vicepresidente Jorge Glas, en foto de archivo, a su ingreso a la sala de audiencias en la Corte Nacional de Justicia.

Hoy, Jorge Glas, pasa sus días en la Cárcel No. 4 de Quito. Está a la espera del juicio político en la Asamblea Nacional. La Comisión de Fiscalización de la Asamblea recibió (jueves 28) la notificación del Consejo de Administración Legislativa (CAL) para iniciar la sustanciación de la solicitud de juicio político en contra del vicepresidente sin funciones. Lo mas seguro es que este culebrón no tenga fin.

La guillotina le viene a Glas por el lado de "abandono del cargo". Corre el plazo, el término se cumple este 2 de enero. El secretario nacional de la Política, Miguel Carvajal, anticipó en el programa 'Jaque Mate', este jueves, que “probablemente” el presidente Lenín Moreno entregue en la Asamblea Nacional la terna de reemplazantes del vicepresidente Jorge Glas, quien está a pocos días de abandonar su cargo por ausencia.


El caso Dahik, en 1995

En la historia ecuatoriana solo otro vicepresidente ha pasado por una situación similar, a la de Jorge Glas: Alberto Dahik.

Corría el año 1995 cuando en el Congreso Nacional se planteó un juicio político en contra del vicepresidente Dahik: por presunta malversación de fondos reservados por más de 20 mil millones de sucres, de la Vicepresidencia.

Dahik fue al Congreso y durante 6 horas expuso sus argumentos de defensa. Sus palabras finales fueron: “Mis manos están limpias y no están manchadas de sangre”. Pese a ello, la oposición en el Congreso continuó con el juicio. Finalmente, el 6 de octubre se dio paso a la votación de censura y destitución. Se requerían 52 votos, sin embargo, solo hubo 39 a favor (PSC, PRE, APRE y MPD), por lo que Dahik se salvó de la destitución.

En julio de ese año, el entonces fiscal Fernando Casares consideró qe existían suficientes elementos para procesarlo, pese a que Dahik, en repetidas ocasiones, negó que haya existido delito. Un mes después la Corte Suprema de Justicia encausó penalmente al vicepresidente.

La CSJ dictó orden de prisión en su contra. El presidente Sixto Durán-Ballén le pidió la renuncia y, ante la orfandad política, el vicepresidente huyó del país y solicitó asilo político en Costa Rica. Casi 16 años después, el exvicepresidente regresó al país. En 2011 la Primera Sala Penal de la Corte Nacional de Justicia (CNJ) le levantó la prisión preventiva que pesaba en su contra y la sustituyó por medidas cautelares.


Carvajal confesó que Moreno “con un gesto muy democrático ha sometido a opiniones de los miembros del buró y de otras personas que le sugiramos nombres” para el nuevo vicepresidente.

Lo único que falta conocer es el día que dejará de ser vicepresidente, aunque sea una mera formalidad.

La suerte de Jorge Glas está echada.

Es un cadáver político, y los cadáveres suelen apestar al tercer día.

Cadáver o no, Glas se ha mantenido desde que estalló el escándalo de Odebrecht en las portadas de los medios impresos, en la apertura de los noticieros de la televisión, de las radios, y en las redes sociales en varios momentos ha sido tendencia. No hay charla familiar, reunión social y de barrio, en donde no se lo mencione, su nombre se puede decir es ya marca registrada: sinónimo de corrupción, sobreprecio, coimas.

Pero dejar de ser vicepresidente es el menor de todos los males para Glas. Lo que lo arrastrará al averno son los múltiples invstigaciones a los que está sometido, recordemos que el Tribunal dispuso a la Fiscalía General del Estado investigar otros delitos como: peculado concusión, cohecho, enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, lavado de activos y testaferrismo que permita la prosecución penal correspondiente. Esa son palabras mayares en el argot judicial.

Hay que ver si quiere bajar solo al infierno, si ese descrito magistralmente por Dante en la Divina Comedia.

En la red de corrupción de Odebrecht participaron peces gordos. No solo el vicepresidente, también el contralor general del Estado, Carlos Pólit, hoy prófugo en los Estados Unidos; su tío, Carlos Rivera, y otros seis implicados. Menuda banda.

Los peces pequeños ya han hablado y se han acogido a la delación premiada. Los peces gordos todavía callan, al más puro estilo de la mafia siciliana, aplican la ley del silencio con la esperanza de salvar el pellejo.

Se presume que la empresa brasileña Odebrecht entregó 33,3 millones de dólares en coimas, las mismas que fueron canalizadas a través de su tío Ricardo Rivera, quien habría sido el enlace con Odebrecht. La Fiscalía probó que los sentenciados se asociaron ilícitamente para obtener un beneficio económico en 5 proyectos estratégicos: Poliducto Pascuales-Cuenca, Trasvase Daule-Vinces, Proyecto Hidroeléctrico Manduriacu, Refinería del Pacífico-Movimiento de Tierras y Acueducto La Esperanza.

Mientras Glas pasa un buen tiempo tras las rejas, Alianza País, agrupación política que lo parió políticamente atraviesa su peor momento, alrededor de 30 asambleístas se mantienen alineados con él, el resto se pasó al bando morenista. Y mientras tanto su líder histórico languidece en las redes sociales, ya sin banda sonora ni alcahuetes que le hagan el coro los sábados, dice que después van por él.

Pronto Glas se será una simple referencia carcelaria, Rafael Correa quedará sepultado en febrero con una consulta popular -de ganar el sí-, y el país deberá retomar la senda del progreso y la democracia.

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 El juez Edgar Flores fue el encargado de leer la sentencia en contra del vicepresidente Jorge Glas, el 13 de diciembre del 2017. Foto archivo.


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