La receta estándar convertida en el fetiche de la economía

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Por Marco Flores T.

En Ecuador hay pequeños grupos que intentan convertir la receta estándar del FMI en el fetiche de la economía. La asociación surge porque el fetiche es un objeto al que se conceden propiedades mágicas o sobrenaturales y se lo venera e idolatra.

Son grupos integrados por los mismos que frente a la clara recuperación económica alcanzada por Portugal sin la aplicación de la receta estándar del FMI que busca una austeridad que elimine a cualquier costo el déficit fiscal, aunque en el camino asfixie la economía, produciendo hambre, pobreza y más inseguridad, siempre responden: “Es que Portugal es otro caso”.

La respuesta también es la misma, cuando frente a la desgracia que en estos mismos días sufren las familias argentinas, especialmente las más pobres, bajo los efectos de la receta fondomonetarista, nueva e invariablemente responden: “Es que el caso de Argentina es diferente”.

La elemental simplificación de que se trata de casos diferentes no responde ni explica nada, no sólo porque es obvio que los casos nunca podrían ser iguales, sino porque lo realmente importante radica en los resultados efectivos, obtenidos bajo la receta del FMI para resolver los problemas económicos en cada uno de los países donde ha sido implementada.

Separar el crecimiento económico de una conducción fiscal responsable es olvidar un principio básico de la economía. Es colocar la carreta por delante de los caballos y eso es precisamente lo que hace el programa económico elaborado para Ecuador por el FMI, cuyos costos económicos, politicos e indolencia social, muy posiblemente harán inviable las propuestas del Acuerdo, contenidas en la Carta de Intención y en el Memorando de Políticas Económicas y Financieras.

Reducir en forma abrupta y además simultánea la inversión del Estado y el gasto público, mientras paralelamente se propone incrementar impuestos que empobrecerán a las familias y profundizarán la grave ausencia de competitividad productiva, reducir el monto de deducciones sobre el impuesto a la renta que pagan las personas, eliminar exoneraciones tributarias, eliminar subsidios y despedir trabajadores públicos, mientras el crecimiento económico es precario o inexistente y las ventas de las empresas caen, todo por la búsqueda del tesoro que constituye “el déficit cero”, pero en ausencia de políticas que impulsen la actividad económica y el crecimiento inclusivo del PIB, contraerá aún más la ya deprimida economía, llevándola a una tasa de crecimiento porcentual incipiete e incluso incluso negativa.

El programa del FMI con Ecuador apunta a que la caída en la actividad económica, demanda interna y PIB, contraigan las importaciones y permita acumular reservas internacionales en el BCE, básicamente para asegurar el pago de la deuda pública externa, sin importar el descalabro que causará sobre los ya altísimos niveles de subempleo y desempleo, pobreza e inseguridad. Este camino de evidente asfixia económica, también impactará sobre la recaudación tributaria, reduciendo su natural crecimiento porcentual o estancándolo.

El Primer Ministro de Portugal, Antonio Costa dice desde la experiencia acumulada que “El caso de Portugal demuestra que, si se exageran las medidas de austeridad, terminan agravando la recesión y crean un círculo vicioso. Diseñamos otra opción para remplazar la austeridad, con metas como un mayor crecimiento y más y mejores empleos”.

Hay que reducir el déficit fiscal hasta eliminarlo, pero hay que hacerlo dentro de un manejo adecuado y prudente de políticas económicas, ritmos y tiempos de ejecución con base en mucho mejor actividad y crecimiento económicos, no sólo para sustentar buenos resultados sino para que el programa económico sea social y políticamente viable, porque el actual está muy lejos de serlo.

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