Bohemian Rhapsody

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Por Felipe Burbano de Lara

Ni las emociones ni las fiestas, ni las euforias que suele desatar el rock habrían sido las mismas si Queen y Freddy Mercury no hubiesen existido. Ninguna banda ha tenido la potencia y profundidad musical de Queen. La película Bohemian Rhapsody, que se proyecta en las salas de cine de todo el mundo, dedicada a la vida del grupo y de su genial vocalista, ha generado una ola de homenajes a uno de los más extraordinarios conjuntos musicales de los años 70 y 80, cuyas canciones se escuchan hoy con la misma pasión de hace 40 años. El título de la película lleva el nombre de una de las canciones incluida en el álbum A Night at The Opera (1975), que marcó el ascenso vertiginoso del grupo. El álbum hizo una audaz propuesta de aproximación del rock a la ópera, inimaginable para todos. Bohemian Rhapsody es considerada una pieza maestra del rock.

La película exhibe la sorprendente personalidad de Freddy Mercury, la potencia y profundidad de su voz ligada a una manera única de sentir y vivir. Mercury llevó una vida de excesos, excentricidad, jugó y disfrutó de su complejísima identidad sexual, movido por su ímpetu y genialidad. Su fuerza incontenible se forjó en el contacto de la potencia personal con ese más allá que solo los genios exploran y descubren a través de una vida transgresora. La creación y la experimentación por fuera de los límites establecidos al cuerpo, la sexualidad y la identidad. Las célebres fiestas de Queen, y en especial de Mercury, fueron explosiones de erotismo, fantasía, máscaras y delirios. La trasgresión como frontera de un más allá que expande la sensibilidad, las emociones y el propio intelecto.

La película hace honor a la banda. Mercury fracasó cuando, persuadido por su propio éxito, quiso convertirse en solista; y la banda casi desapareció tras la temprana muerte del vocalista a los 45 años, contagiado por el virus del sida. Cuatro talentos musicales y compositores. Los grandes temas de Queen fueron escritos o por el guitarrista Bryan May, el baterista Roger Taylor, el bajista John Deacon o Mercury. Uno de los cantos más extraordinarios y emblemáticos del grupo, I Want To Break Free, fue compuesto por el discreto Deacon. Tantas canciones vibrantes y estremecedoras, para ser oídas una y otra vez: Under Pressure (compuesta originalmente por David Bowie), Who Wants To Live For Ever, Radio Ga Ga, Love Of My Life, We Are The Champions, The Show Must Go On, Is This The World We Created?; hasta ese himno del rock –We Will Rock You– concebido para interactuar con el público en los conciertos y que terminaría convertido en la canción más vendida –y cantada– en la historia del rock.

En el escenario Mercury hacía un despliegue de genialidad, siempre seductor, impecable, desafiante, dueño de una confianza única en su talento y su voz. Un ídolo con todas las letras. La película muestra esa potencia insuperable en la presentación del grupo en Live Aid (1985), el concierto que reunió a los mejores rockeros del momento. Una actuación extraordinaria de Queen y de Mercury, con ese inolvidable intercambio de voces con los 75.000 espectadores rendidos a su magia y fuerza.

Hay que ver Bohemian Rhapsody, y unirse, como hago desde este pequeño espacio, al homenaje enorme a Queen y al gran Mercury. Ellos siguen ofreciendo un torrente insuperable de emociones y euforias a través de su música y lírica, lo que se agradece y celebra.

Fuente: El Universo

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