Las Patilinarias

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Por Francisco Swett

“¿Hasta cuándo Patilina abusarás de nuestra paciencia? Cuando te aprestas a desolar al mundo con el asesinato y el incendio”, exclamaría Marco Tulio Cicerón si estuviera interpelando al truhan Catilina en tiempo presente. Prestando de la retórica del más insigne de los oradores de Roma, podríamos añadir: ¿Cuánto tiempo habremos de ser juguetes de tu furor? ¿Dónde se detendrán tus desenfrenados arrebatos? ¡Qué!, ¿no han contenido tu audacia ni las pruebas, ni los prófugos, ni los gestos adustos de los ciudadanos que reaccionan indignados al enterarse que quieres hacerte presente? ¿No comprendes que tu conspiración no es para nadie un secreto y que la gente te rechaza? Lo que amenazas hacer -tomarte los caminos, asaltar las instituciones y los templos, y sembrar el caos- acarreará la vindicta pública, pues has quedado al descubierto. Tu muerte política hace tiempo que fue decretada por quienes fueron engañados; por aquellos a quienes se les robaron la esperanza, aliándose al oscurantismo; por los ciudadanos abusados por el odio que sembraron en el camino a tomarse el poder; porque saben que tu verbo es vacío pues malversaron y se robaron la mayor fortuna que la República jamás tuvo.

Escoges enfrentarte a un gobierno débil, que no sabe si es o no es. ¡No va más!, diría el crupier; ¡pasaste la línea roja de la tolerancia!, dice la gente.

Quienes hoy pretenden hablar de corrupción se aliaron con estafadores venezolanos para provocar la baja de los bonos ecuatorianos, manipulando el mercado y dando inicio al festín de corrupción que fue la década pérdida. Son los que nos hicieron descender a la sima de la vergüenza nacional usando la valija diplomática como instrumento del tráfico de drogas. Son también los que, prevalidos de su propaganda, armaron la farsa del 30 de septiembre, provocando la muerte de ecuatorianos; los que taparon las investigaciones y sustrajeron los documentos que los sindicarían como coautores, cómplices y encubridores de crímenes de Estado que pretenden que queden en la impunidad. Jamás estuvimos los ecuatorianos tan pobremente representados como cuando nos desembarcamos del mundo civilizado para pasar a formar parte de la franquicia del SSXXI que hoy se debate en retirada. ¿Es que acaso podemos olvidar que se llevaron el equivalente de dos presupuestos que hoy no se pueden financiar? Son los galarifos que quebraron a la República y que exhiben impúdicamente sus fechorías como producto del ahorro, o porque se sacaron la lotería: ¡caretucos!

Volvamos a Cicerón. Patilina, has perecido políticamente, pero persistes en tu vocinglería. Si fueses aprehendido con tus huestes, cualquier pena que sufrieren será poca. Al igual que tus compinches no cambiarás la torcida ideología de Bakunin y terminarás guardado en el basurero de la historia. Ese será el fin de todos los que pretendieron cambiar a una nación de paz, trabajo y solidaridad, y someterla a los abusos de la tiranía comunista de la cual forman parte. Los ciudadanos, los que sostienen a cualquier gobierno con sus tributos, producto de su trabajo, les advierten que ellos están más motivados y vigilantes para salvar al Ecuador, más de lo que tú y tus huestes tienen la fuerza para perderlo.

Fuente: Expreso


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