Guayaquil, ¿sin puerto?

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0001a spurrierPor Walter Spurrier Baquerizo

Vetar que Guayaquil tenga un puerto internacional, o incluso continuar posponiendo su modernización, condena a la ciudad al estancamiento económico.


El puerto de Guayaquil tiene dos necesidades urgentes, que los guayaquileños no pueden satisfacer puesto que la competencia la tiene el Gobierno central: el dragado del canal de ingreso al puerto y la construcción de un nuevo puerto de mayor calado.

Los fondos que Autoridad Portuaria genera para financiar el dragado, a fines de cada año pasan a la cuenta única del Tesoro y se destinan a objetivos ajenos al portuario.

Sin calado suficiente, los barcos no pueden ingresar con carga completa, encareciendo el movimiento de mercadería.

Trasciende que por fin se dragará el canal, aunque solo hasta 9 metros. Los puertos de América se preparan para recibir los buques pospanamax, de 15 metros de calado, una vez que se abra la ampliación del canal de Panamá en el 2015.

Guayaquil necesita un puerto de aguas profundas.

Una opción es construirlo en Posorja, dentro de una ZEDE con un parque industrial. Se consiguió que lideren el proyecto un importante grupo español y una de las principales navieras del mundo. Pero la falta de acogida gubernamental lo detuvo. Los accionistas extranjeros buscan desvincularse del mismo.

Otra opción es dragar el canal de acceso del puerto actual para alcanzar un calado suficiente para los pospanamax, lo cual es menos costoso que construir un nuevo puerto, y no se incurre en un engorroso tránsito vial.

Desde los inicios de su administración el presidente ha manifestado sin ambages que buscará que Manta sea el puerto principal. En la sabatina del 27, desde la provincia de Santa Elena el presidente anunció la inmediata inversión para que el puerto de Manta alcance un calado de 15 metros.

Simultáneamente declara que sacará del golfo el puerto internacional de Guayaquil, aunque no está decidida la ubicación del nuevo puerto de aguas profundas, que podría ser Chanduy, provincia de Santa Elena, si así lo recomienda una consultora española.

El 22 de julio, en plenas fiestas julianas por el aniversario 466 de su fundación, la ministra María de los Ángeles Duarte oficializa el fin de Guayaquil como el eje de la actividad portuaria nacional y traslada a Quito la Subsecretaría de Puertos (Acuerdo 062).

Manta tiene todo el derecho del mundo a aspirar a convertirse en el puerto principal con el apoyo estatal. Si lo logra, merecerá calurosas felicitaciones.

Pero no cabe que para vestir un santo, el Gobierno desvista a otro, trabando el desarrollo de Guayaquil.

Gracias a su sector servicios, en particular de comercio exterior, Guayaquil fue desde la colonia hasta la crisis de 1998-99 la capital económica y financiera del país. Continúa siendo la capital demográfica, pero solo hasta el 2020, según INEC.

Vetar que Guayaquil tenga un puerto internacional, o incluso continuar posponiendo su modernización, condena a la ciudad al estancamiento económico. Ocasionaría costos de transporte vial o cabotaje que hoy no existen. Llevaría a la reubicación de su industria y población hacia los lares privilegiados por el Gobierno. Sería un costo no productivo que pesaría no solo sobre la economía de la ciudad, sino de todo el país.

Este tratamiento discriminatorio es insensato. Hay que recapacitar y reorientar las políticas públicas.


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