Alerta

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0001a cristianzamoraPor Cristian Zamora Matute

El compromiso de un país, de su sector empresarial y ultimadamente de cada ciudadano es con el desarrollo sostenible.


En el año 2000 Naciones Unidas concluyó que los ecosistemas del planeta se han alterado a mayor velocidad en los últimos 50 años que en cualquier otro período de la historia.  Es decir, en tan sólo cinco décadas fuimos responsables de cambios en el medio ambiente como ninguna otra generación en la historia del planeta lo hizo.

Un factor crítico para que estas alteraciones ocurran son las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.  El informe publicado este año sobre el avance de los objetivos del milenio  indica que dichas emisiones incrementaron en más de un 46% desde 1990 hasta el año 2010.  El mayor responsable son las regiones en desarrollo con un aumento de 6.7 a 18 miles de millones de toneladas métricas de CO2; mientras que, a nivel mundial se registró que el aumento fue de 21.7 a 31.7.

El desarrollo, aspecto que todo Estado y su conglomerado social busca, tiene que ser sostenible.  O sea, el crecimiento económico tiene que ir de la mano de la calidad ambiental y la equidad social.  Calidad ambiental para frenar el cambio climático que ya causa catástrofes con fenómenos naturales de proporciones; y, equidad social porque a mayor desequilibrio en el tejido social mayor desigualdad y deterioro de las sociedades reflejado, entre otras, en violencia e inseguridad.

 El compromiso de un país, de su sector empresarial y ultimadamente de cada ciudadano es con el desarrollo sostenible.  Esto implica cubrir las necesidades en el presente sin comprometer la disponibilidad de recursos para que las futuras generaciones cubran sus propias necesidades.  

Los países industrializados son los principales responsables de las consecuencias que todos sufrimos.  Es preciso que los líderes de los países menos contaminadores se unan y formen un bloque de exigencia que vaya más allá del discurso.  Requerimos, según especialistas, que en el presente se tomen las acciones necesarias para que se genere una reducción de emisiones en un 50% para el año 2050 con respecto a los niveles de 1990.  Caso contrario, si la tendencia actual de crecimiento económico y de población siguen al ritmo actual las previsiones indican que el planeta no podrá sostener la economía mundial.

Lo paradójico es que los expertos en el tema hacen sonar la alarma sobre la situación pero no se producen los cambios en el grado que necesitamos.  Los esfuerzos de varias organizaciones, empresas y personas consientes del problema aún son insuficientes.  ¿Por qué ante una situación que pone en peligro la vida misma hacemos caso omiso?  Quizá sea que la naturaleza humana que de alguna forma tiene que tocar fondo para darse cuenta de sus errores y enmendar.  Nos comportamos como un niño pequeño que, casi siempre, evadiendo las advertencias de su padre comete errores y se atiene a las consecuencias que pudo evitarlas.  La realidad es que una vez que la destrucción el planeta sea tal, seguramente no tendremos segunda oportunidad.  Hay que hacer más consciencia individual y sobre todo tomar acción concreta en nuestros círculos de influencia para aportar en la solución.
Twitter: @czamoramatute

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