La fusión

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Por Walter Spurrier Baquerizo

En abril del año pasado (Decreto 723) el presidente Moreno dispuso la fusión de Petroecuador y Petroamazonas. El plazo culmina este diciembre 31. Es el momento para plantearse varias preguntas. La primera: ¿para qué queremos una empresa estatal petrolera? La mayor parte de los países tienen una. Unos tienen empresas privadas de primera línea. Canadá tiene una empresa estatal que convive con petroleras privadas canadienses. Pero la mayoría de los países tiende a tener una empresa estatal por tratarse el petróleo de un sector estratégico, y no depender exclusivamente de la atracción del capital extranjero. Chile mantiene una empresa estatal, ENAP, a pesar de que desde 1973 su economía es de las más abiertas a la empresa privada en el mundo. España e Italia tuvieron empresas estatales que privatizaron, y ahora cada una tiene una empresa privada nacional de primer orden.

Ecuador necesita una empresa petrolera de importancia porque es un país de gran potencial hidrocarburífero. Es el tercer país de América Latina en reservas, después de Venezuela y Brasil, y con más reservas que México, Colombia, Perú, Chile, Bolivia, Argentina y Centroamérica sumados.

El ente estatal ecuatoriano debe tener como objetivo desarrollar todo el potencial petrolero del país, pero ha dejado mucho que desear. Hace 48 años se creó CEPE, al inicio de la producción petrolera del Oriente. Pero rápidamente se llenó de pipones, pagó sueldos extravagantes y adoptó prácticas corruptas. Todo concurso de compras era por emergencia, para adjudicar a dedo con sobreprecio. A un gerente de comercialización lo agarraron en el aeropuerto proviniendo de Caracas con un maletín repleto de billetes. Para resolver estos problemas, en 1989 se cambió a CEPE por Petroecuador, pero nada mejoró.

La fusión es un nuevo intento para superar los defectos del pasado. Se ha acabado la era de grandes ingresos petroleros, y no se puede seguir botando el dinero en entes ineficientes. La fusión debe lograr los siguientes objetivos:

-Reducir el personal a lo necesario, luego de evaluación que permita determinar quiénes desempeñan bien sus funciones y quiénes son cuota política que no aporta nada. Eliminar la duplicación que se produce al tener ahora un solo cuerpo administrativo. Debe disminuir de manera importante el gasto corriente.

-Mejorar drásticamente la capacidad de gestión. La empresa debe estar a la altura de sus contratistas, las empresas de servicios, para asegurarse de que cumplen con su cometido a cabalidad. Para eso necesita más bien ingenieros, no personal administrativo.

-Su mayor esfuerzo debe centrarse en atraer a petroleras nacionales y extranjeras a la prospección y en su momento producción petrolera. Se avizora en el horizonte a las fuentes alternas de energía: carros eléctricos, generación eólica, Shell Oil abandona al petróleo por fuentes renovables de energía. El crudo que no saquemos en los próximos 30 años se quedará bajo tierra. No cabe seguir guardándolo: hay que producirlo ya.

Colombia con menos reservas y en campos pequeños llegó a producir un millón de barriles diarios. Nuestra producción está cayendo.

Una tarea pendiente de este Gobierno es dejar un sector público más eficiente. Petroecuador es el caso de mayor trascendencia. (O)


Fuente: El Universo

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