Alcaldesa escribe su propia historia

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Por Jaime Terán Randiche

Al igual que el 9 de octubre de 1820, la ciudad vive momentos difíciles. Han transcurridos 200 años desde la de independencia de Guayaquil y las amenazas para la ciudad siguen latentes. Antes nos asaltaban pitaras y corsarios, ahora lo hacen los piratas políticos. Las epidemias tampoco son nuevas en nuestras vidas, en el Siglo XVIII la viruela, sarampión y la fiebre amarilla diezmaron a la población, hoy lo hace el covid.

Se suma una amenaza de reciente cuño que está al acecho, agazapada, esperando el momento oportuno para dar el zarpazo del caos y someter a la ciudad a viejos resentimientos ancestrales. En octubre del año pasado quisieron hacer con Guayaquil el mismo desmadre que generaron en Quito, saqueos, caos y violencia, en contra de la institucionalidad democrática y las libertades ciudadanas. Hoy quieren repetir la intentona. Bien hace la alcaldesa en preparar a la ciudad organizando ejercicios de prevención y disuasión.

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Quieren a la Perla del Pacífico como trofeo de guerra. Nunca verán de rodillas a Guayaquil. La Fragua de Vulcano está más presente que nunca.

A León Febres Cordero en 1992 le tocó reconstruir Guayaquil. A Nebot, desde el 2000, la historia le reservó el privilegio de ejecutar la gran transformación de la ciudad; a Cynthia Viteri, alcaldesa desde mayo del 2019, el destino le tenía preparado una prueba de dimensiones apocalípticas: la pandemia. La alcaldesa dio la talla, plantó cara al SARS-CoV-2 y salió victoriosa. Denostada por propios y extraños, ha recibido el reconocimiento internacional por su trabajo al frente de la Alcaldía en la mayor crisis sanitaria jamás registrada en la historia porteña.

Guayaquil pasó de ser epicentro de la pandemia a ejemplo de lucha. Nunca antes la ciudad había enfrentado una calamidad de tal calibre. El virus letal nos obligó a encerrarnos en nuestras casas. Se apropió de los hospitales y vidas. La urbe se sumergió en el caos sanitario. Los ataúdes se acumularon en las calles. Miles de guayaquileños sucumbieron a este mortal coronavirus.

El desafío de la alcaldesa ha sido doble. Atender en la pandemia a los miles de guayaquileños fue una labor titánica; no desatender la obra pública municipal demandó de un esfuerzo enorme. No todo queda ahí. También asumió el liderazgo de la reactivación de ciudad.

Las heridas no cicatrizan, están abiertas aún, pero no es nada que no se pueda sanar. La ciudad recobra de a poco su ritmo comercial, frenético, alegre, como queriendo recuperar el tiempo perdido de la mano de una valiente mujer que se la jugó por todos, echándose al hombro a toda una ciudad en su hora más oscura de su historia.

La alcaldesa está escribiendo su propia historia.

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