Petróleo y deuda, atados

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Por Walter Spurrier Baquerizo

Petroecuador se resistió al requerimiento del Gobierno a que acceda a vender 50 millones de barriles de crudo a Zhenhua Oil, subsidiaria de una entidad china de defensa nacional. Consideró que la propuesta era muy baja, que se perderían $2,38 por barril, valor apreciable en un negocio en que se ganan centavos por barril. La venta acarrearía una pérdida de $119 millones durante la duración del contrato, sostiene el ente estatal, en cumplimiento de su deber, de asegurar la venta de crudo en las mejores condiciones.

Petroecuador tiene comprometidos 300 millones de barriles con empresas chinas y una tailandesa, mediante ocho contratos de los que tres finalizan este año y el último en 2024. Al precio al que vende hoy Petroecuador, ese crudo vale unos USD 10 000 millones y garantiza préstamos que están en $3200 millones. Petroecuador buscar tener más petróleo libre de contratos para colocar en el mercado ocasional y determinar cuánto es su verdadero precio.

El presidente mediante Decreto 1075 dispuso que las empresas públicas cambien sus resoluciones en caso de demandarlo el ministro de Finanzas, en aras del beneficio del Estado ecuatoriano en su conjunto. Finanzas insistió en que se acepte la propuesta de Zhenhua y Petroecuador acató. El Gobierno considera que es más lo que se ahorra en intereses por poner el crudo de garantía que lo que pierde por el precio bajo.

Finanzas requiere fondos desesperadamente. El acceso al mercado financiero internacional está cerrado y la deuda en bonos en proceso de reestructurarse. Ya llegaron y se gastaron los desembolsos de las multilaterales; no hay vigente un acuerdo con el Fondo Monetario, y un nuevo acuerdo y por lo tanto más crédito depende del progreso de las negociaciones con los tenedores de bonos.

A principios del periodo presidencial el Gobierno hizo una operación de repo con Goldman Sachs, en que se entregaron oro y bonos de la deuda externa como garantía. Ante el alza del riesgo país, cayó el valor de los bonos y el Gobierno tuvo que prepagar a fines de junio la operación que vencía en septiembre, para salvar el oro. Pero como Finanzas no tenía un chocho, pagó el Banco Central, tomando dinero de las reservas. No queda claro de dónde sacará plata el Gobierno para pagarle al Central.

La última carta que le queda al Gobierno para aliviar la situación fiscal es crédito de la China, que le exige la venta de crudo en las condiciones mencionadas. Es el problema de todo gastador endeudado hasta la coronilla, sin ahorros: aceptar las condiciones del único prestamista que le queda. Es el fruto del despilfarro del correato y la lentitud del Gobierno actual para atender el problema fiscal: su primer año fue de continuación de las políticas del Gobierno anterior.

Los 50 millones de barriles, a los precios de hoy, valen unos $1800 millones, y los bancos estatales chinos nos prestarían $2400 millones, de los cuales $400 millones se aplicarían a cancelar el saldo de una operación anterior y quedarían $2000 millones. Parte de los fondos llegaría inmediatamente. No está claro cómo el Gobierno va a financiar sus gastos del año: hay enormes necesidades. La economía privada está muy débil y no aguanta más impuestos. Deberá cortar el gasto o de lo contrario gastará, pero no pagará.

Fuente: El Universo

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