El que no dialoga, miente

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Por Alberto Dahik Garzozi

Entre las cosas positivas que ha generado el COVID-19 está la gran cantidad de webinars que se han armado tanto en el mundo académico cuanto en el de muchos gremios. En ellos personas de gran valía, conocimiento y experiencia han expresado criterios que han permitido a los ecuatorianos informarse mejor y reflexionar sobre temas de gran trascendencia.

Quiero referirme a uno, reciente, en la UEES, en el cual participaron los doctores Gonzalo Noboa Baquerizo, Alfonso Oramas Gross y el Dr. Joaquín Hernández Alvarado, rector de la Universidad, organizado por nuestro director de maestrías jurídicas, Dr. Pablo Alarcón, y que tuvo de parte de todos una gran profundidad. Los exponentes trataron y reflexionaron sobre el COVID-19 y la política. Particular impacto me causó una frase dicha por el Dr. Hernández: “Una sociedad que no dialoga, miente”. Una frase de una enorme trascendencia, y me llevó a trasladarla a la realidad de la sociedad ecuatoriana.

Somos fundamentalmente una sociedad que no dialoga. Los sectores se aíslan. El que piensa diferente no es un rival político, es un enemigo. El que cree algo diferente es un sujeto intratable e insoportable.

Somos una sociedad en la cual “no se debe hablar con el Gobierno” porque eso contamina. Eso es un “error político”. Hay que demostrar siempre que “no se es Gobierno”. Entonces la tradicional oposición es rabiosamente boicotear a los gobiernos, demostrar a la opinión pública que no se está con el Gobierno, como si dialogar fuese un sacrilegio. Recuerdo cuando enjuiciaron al ministro de energía del gobierno del Dr. Borja por elevar los combustibles, y siendo diputado de oposición me uní al juicio como interpelante para de esa manera tener más tiempo de hablar y poder más bien defenderlo. Recibí innumerables llamadas sobre “el craso error político que estaba cometiendo”. Personas sinceras, amigas, que pretendían cuidar mi futuro político me lo decían de todo corazón. Es decir, al diablo el país, al diablo la verdad, al diablo el verdadero interés del Ecuador: primero el cálculo político. Sí, como no dialogamos, mentimos.

Y somos una sociedad que a diferencia de Colombia, el Perú, Chile, para no compararnos con Suiza, no hemos podido establecer grandes objetivos de política económica que garanticen un camino de viabilidad a la sociedad ecuatoriana.

Entonces, como no se dialoga, se miente; y en muchas direcciones. La primera es la mentira multidireccional. Aquella que va de todos para todos, y que constituyen los grandes mitos colectivos: “El Ecuador es un país corcho”, “nada le pasará”, “siempre flotamos”, y esa mentira colectiva nos lleva a la ridícula conclusión de que las cosas milagrosamente se resuelven solas, y que estamos protegidos por el Corazón de Jesús, y que nada va a pasar.

Y también hay la mentira populista: aquella que promete y engaña con perversidad: “Vamos a proteger al pueblo”, y entonces con esa frase se proponen y se sostienen cosas criminales, como darle un subsidio a ese pueblo, como el de los combustibles, que ha sido una imperdonable lacra social por casi 50 años. O como aquella que dice que en 4 años se va a cambiar al país, que el país será otro, que se generarán tantos millones de empleos, que no habrá más pobreza, que todos seremos ricos, cuando ningún país en la historia lo ha hecho sin el esfuerzo grande y sostenido de al menos tres o cuatro generaciones. O como la mentira de “corazones ardientes y manos limpias”, y tantas más que nos han terminado asfixiando a través de la historia.

Para que la mentira con campee, no hay alternativa: hay que dialogar, y acordar aquello que no puede ser negociable en la sociedad, aquello que tiene que ser respetado por todos los gobiernos. Cuando ese diálogo produce los acuerdos, entonces la sociedad sabe que el que se salga de ahí está mintiendo. Es solo de esa manera que las campañas no se transforman en una guerra de quién miente en forma más convincente, o quién plantea con mejor estrategia de mercadeo lo que va a permitir conseguir los votos, lo que la gente quiere oír, en vez de lo que la gente debe oír.

Luego del webinar que motivó esta columna, me pregunto si la sociedad ecuatoriana puede estar en una situación más crítica de lo que está hoy y en mayor necesidad de un gran diálogo. Más aún, me pregunto si en algún otro momento de nuestra historia este diálogo ha sido más necesario.

Es que si en estas circunstancias, en que nuestro producto interno bruto caerá según proyecciones en 12 %, en que estamos con la peor crisis heredada por los 10 años de pecados de comisión y 3 de omisión, si no hay diálogo, y no acordamos que debemos tomar el camino del ahorro, la inversión, la producción y productividad, más ahorro, más inversión, más producción y productividad, no saldremos nunca de la pobreza, y la mentira entonces nos agobiará, haciendo que el cinismo colectivo termine por extinguirnos.

Fuente: El Universo

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    +1 Totalmente de acuerdo — Comentario de: Johan Sebastian 02-07-2020 15:12
    Después del saqueo de las farc..y que la mayoría de delincuentes esta aun en el gobierno.
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