El Guayaquil que yo conozco

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 95% (11 Votes)

 0001a ALFONSO PEREZ02 d2cc0

 Por Alfonso Pérez Serrano

 Descendiente de dos tradicionales familias quiteñas (Pérez y Serrano), por esas cosas de la vida, de manera intermitente he vivido en Guayaquil, y en ocasiones por largos períodos de tiempo, desde la infancia.

El origen de mi abuela materna Pilar Puig Lince y su apego por su adorado Guayaquil; los más de 30 años que mi padre vivió en esta ciudad en la que terminó sus días; las varias ocasiones en que Guayaquil me ha recibido con brazos abiertos y generosos por razones laborales y por períodos de hasta 10 años consecutivos, me permiten opinar sobre la naturaleza de Guayaquil y la nobleza de corazón de su gente, cualidades que hoy algún ingrato, escondido en el anonimato que permiten las redes sociales, trata de desconocer.

Guayaquil siempre ha sabido afrontar sus retos, y surgir. Abandonada por el centralismo, el voluntariado de la ciudad se ha encargado de cubrir los vacíos que el Estado nunca llenó, y así, por ejemplo, instituciones como la Junta de Beneficencia de Guayaquil construyó el cementerio, el manicomio, y hospitales, que con sus médicos mantuvo un eficiente y gratuito sistema de salud para todos los habitantes de una ciudad cada vez más grande, sin distingo de clases sociales, de origen, de etnia, de creencias religiosas o políticas. En general, ha sido el voluntariado de Guayaquil quien, a través de varias manifestaciones, ocupó el lugar que le correspondía el Estado.

La gran obra de las últimas décadas en Guayaquil no está en los hermosos y atractivos malecones, ni en los grandes parques, ni en la rueda moscovita “La Perla”, ni en las cosas que vienen a ver los turistas. No, la gran obra de Guayaquil es haberles dado a sus barrios marginales, a la gente más pobre, proveniente de todo el Ecuador, toda clase de obras de infraestructura que no tenían ni soñaban con tener.

Me refiero a zonas como el Suburbio, Suburbio Oeste, La Prosperina, Bastión Popular, La Flor, Paraíso de la Flor, el Guasmo, Isla Trinitaria, La Prosperina, el 8 1/2, Mapasingue, y así puedo seguir mencionando decenas de barrios en donde vive entre el 70% u 80% de la población más pobre, en donde hasta hace pocos años todos tenían luz robada, y pagaban a los explotadores invasores una mensualidad, y sus terrenos y mediaguas no tenían papeles por ser fruto de invasiones para alojar a cientos de miles de ecuatorianos que llegaban al Puerto a buscar empleo y oportunidades; que vivían en el lodo, que llevaban el agua en tanqueros, que surcos en las calles de tierra llevaban el agua servida que en invierno se inundaban y las aguas negras se mezclaban con el agua lluvia convirtiéndose en piscinas de heces en donde los niños jugaban...

No había lugares de recreación, ni escuelas, ni mercados, ni centros de salud (siendo la salud competencia del gobierno central), y tampoco tenían calles para que entren los buses, y la gente se transportaba en camionetas cuyos propietarios explotaban a los más pobres, o en canoas que navegaban sobre heces fecales durante el invierno. Guayaquil era una Calcuta en la cual todos los barrios, de toda clase social, estaban sumidos en el lodo, sin agua permanente, cuyos habitantes sentían vergüenza de ser guayaquileños. Eso era Guayaquil.

Hoy, todos esos barrios han sido atendidos con una gigantesca obra de infraestructura que no se ve, que va desde una completa red de alcantarillas cuyo eje central de recolección son con ducto cajón de enormes dimensiones para desfogue de aguas servidas, y para llevarse el agua que en invierno supera el nivel del agua del río, con válvulas que evitan que las crecidas del río inunden esos barrios. Todas esas zonas están ahora totalmente legalizadas, inclusive Monte Sinaí (que en su mayoría era responsabilidad del gobierno), nuevo barrio marginal que está comenzando a recibir los beneficios del resto de la ciudad, una vez regularizados los propietarios.

Esos barrios tienen una gitanesca infraestructura enterrada, que no se ve.

Tienen todos agua potable permanente, veredas estandarizadas, todas idénticas, calles todas adoquinadas, mercados, parques cerrados y en buena parte con custodia de guardias metropolitanos para que jueguen los niños de manera segura y alejados de la droga, luz eléctrica de excelente calidad, los postes son todos iguales, de metal, sin cables por el aire porque como toda obra nueva, están soterrados, no solamente los cables de energía eléctrica, sino también los de fibra óptica para las telecomunicaciones modernas. Las plantas de tratamiento de aguas proliferan por varios puntos de la ciudad, y están dimensionadas para atender no solamente la demanda actual, sino la que se generará en los próximos años. Ya no se tiran en los esteros ni manglares las aguas negras, al punto que con la oxigenación ya están nuevamente convertidas en aguas cristalinas y aptas para que la gente se bañe... ahí está el Malecón del Suburbio, con aguas cristalinas y manglares, en donde antes solamente había miseria e insalubridad, y que hacía estremecer los sentimientos ver a los niños jugar ahí, entre animales muertos, y en ocasiones, hasta entre cadáveres humanos.

Son precisamente esos barrios en donde existen, para la gente más pobre, los más sofisticados juegos de agua, con piscinas, toboganes, olas artificiales en donde las familias tienen centros de recreación que no se encuentran en los barrios de gente acomodada, ni en ningún otro lugar de país.

En la ciudad, los libros escolares no son una carga para los padres de las familias pobres, pues el Municipio de la ciudad provee de manera gratuita los libros para los estudiantes de escuelas públicas, y en algunos casos también privadas por la alta calidad de sus contenidos.

Esta ciudad cuenta con más de 6.000 puntos de acceso gratuito a internet, en la cual se realizan millones de conexiones por mes, permitiendo a los estudiantes acceder a la tecnología y al conocimiento al que tienen acceso solamente algunas personas privilegiadas en otras ciudades del país, sean estas grandes o pequeñas. En esta ciudad, todos los estudiantes que obtienen su grado de bachiller, reciben del Cabildo, sin costo alguno, un equipo “Tablet” para poder acceder al mundo del conocimiento.

¿Qué hay una gran cantidad de gente pobre? Por supuesto, es muy poco lo que un Municipio puede hacer para combatir la pobreza, pero, aun así, el Municipio de Guayaquil es el principal contratista del Ecuador y en la medida de sus competencias genera bienestar para sus habitantes. La ciudad usa una enorme parte de su presupuesto, y créditos internacionales a bajos intereses y largo plazo, para contratar obras que generan empleo.


Sobra hablar acerca de aeropuerto, que cobra tasas muchísimo más baratas a los pasajeros que otras ciudades y brinda un servicio de excelencia, en donde, solamente por citar un ejemplo, no hay que pagar por usar los carritos para salir con las maletas.

El Terminal Terrestre pasó de ser un elefante blanco, abandonado y cueva de delincuentes y drogadictos, a ser el principal Terminal Terrestre del Ecuador, con la mayor cantidad de pasajeros en el país, y en el centro comercial más grande y visitado del Ecuador. Tanto el aeropuerto como el terminal terrestre, no solamente que cubren directamente sus gastos de operación y mantenimiento, sino que además han aportado y aportan a las arcas municipales con varias decenas de millones de dólares cada año, además de acumular reservas para la construcción de nuevas infraestructuras que vaya a demandar el crecimiento de la ciudad.

El teatro, la música, la danza, la pintura, la literatura; las expresiones artísticas en general han renacido en Guayaquil, y son ahora una expresión constante en espacios que se han creado para el efecto, brindando a los ciudadanos la infraestructura necesaria, que ninguna otra ciudad del país tiene, para su promoción.

Sin ser competencia del Municipio, en Guayaquil hay más de 50 clínicas móviles en los barrios, con servicio que incluye consultas y medicinas gratuitas, un veterinario y dentista. Los planos de cómo son esas clínicas móviles los tienen la mayoría de los GADs, porque el de Guayaquil se los dio a cientos de municipios del país para que repliquen el modelo. Existen mercados municipales en todos los barrios, seguros y con higiene y personal de seguridad provistas por el Municipio. Los accesos a esos barrios son avenidas de hormigón hasta las estaciones finales de los recorridos de los buses, y las paradas durante los recorridos son techadas. En la mayoría de barrios populares (barrios nuevos, que no existían y que ahora están ahí como fruto de la migración) hay varios hospitales del día, en donde los pacientes reciben varios tipos de operaciones gratuitas, así como atención también para mascotas. Hay estaciones de bomberos equipadas, edificaciones para la policía, etc.

El gran problema de Guayaquil es que la migración y el crecimiento de la urbe es desordenado, aunque poco a poco se ha ido controlando. Aquí no hay burocracia. La gente pobre vive del trabajo diario, de lo que puede ganar durante el día en actividades comerciales, artesanales, etc. Las políticas públicas y económicas que mantienen la pobreza a buena parte del Ecuador y por supuesto a Guayaquil, no son competencia municipal sino del Estado central.

Cuando alguien visite Guayaquil, aprovechen para visitar los barrios de los que estoy hablando, y puedan entender el fenómeno de esta ciudad.

Como dije antes, parece que algún mal agradecido que anónimamente se ha dedicado a denostar de la ciudad que lo acogió, no conoce realmente Guayaquil y la enorme transformación de la que se ha beneficiado la ciudad. No hay que hablar sobre lo que no se sabe. Hay que ir y ver la obra gigantesca en esos barrios, porque es ahí en donde está la gran inversión en Guayaquil.

Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. Por favor, ingrese con su usuario y clave , o regístrese.

 

Columna Publicitaria


Reciba nuestros titulares por correo electrónico.


¿Acepta HTML?