A grandes males...

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Por Walter Spurrier Baquerizo

El coronavirus infecta a nuestra economía, que adolece de condiciones preexistentes. Un manejo irresponsable de la bonanza petrolera nos deja con un rol de pagos del sector público triplicado y costos internos de producción que nos quitan competitividad. Vivimos del crédito externo.

Hace casi seis años cayó el precio del petróleo; no hemos corregido los desajustes. Entre 2014 y 2019, el PIB per capita se ha reducido en -4,6 % (a precios de 2007), o sea, por habitante producimos menos que en 2014. Este año no habrá recuperación.

Está en marcha un ajuste con el apoyo del FMI, que enfrenta resistencia de la Asamblea y oposición combativa de las agrupaciones políticas y sociales que quieren pescar a río revuelto. Así, vulnerables, nos infectó el coronavirus. Cae la demanda de petróleo y con ello su precio; a la cotización actual la exportación de petróleo nos deja saldo en contra. La demanda de productos exportables cae, bajan sus precios, nuestros competidores se ajustan dejando depreciar sus monedas. Se cierra la frontera, hoteles y restaurantes se quedan sin clientela.

Ante el potencial de decenas de miles de muertos, el Gobierno prioriza la salubridad e impone la cuarentena. Las empresas deben cerrar, no tienen ingresos, pero sí gastos, sobre todo de nómina. El Gobierno no tiene un chocho, incurre en atrasos, y debe servir la onerosa deuda externa: para marzo 24 hay una amortización.

Ante la amenaza de descalabro, el Gobierno debe exigir a la Asamblea que asuma su responsabilidad o le ceda competencias; a la Corte Constitucional advertirle que no demore pronunciamientos.

¿Que es un gobierno débil? ¿Qué le puede pasar? ¿Caerse? ¿Quién quiere enfrentar la crisis? Y si se cae, mejor gobernando que mantenerse sin hacer olas.

A males, grandes remedios. Hay que modificar el sistema de subsidios: eliminar aquel a la gasolina y al diésel, e instaurar uno para el transporte urbano e interprovincial de pasajeros, para proteger a la población de a pie; reducir en USD 2000 millones la nómina del sector público; reemplazar ciertos impuestos que desalientan la inversión y el ingreso de capitales (ISD, 15 % más 25 % a la renta de las sociedades) y reemplazar esos ingresos con un alza al IVA. Un régimen laboral menos inflexible, para alentar la contratación; un sistema de quiebras menos draconiano que permita restructurar pasivos, ya que habrá empresas que quiebren; relajar provisionalmente los requisitos de la Superintendencia, que los bancos aprovisionen sectores económicos y empresas con problemas de liquidez, y puedan atender pago de sueldos. Establecer un mecanismo para compensar a los exportadores privados por la depreciación de las monedas de países competidores. Que la Asamblea se comprometa a tramitar leyes urgentes, ya listas para su envío.

Una vez que se tomen las primeras medidas y el plan esté en marcha, plantear a los acreedores: tenedores de bonos, bancos, multilaterales, gobiernos acreedores (China, sobre todo), que el impacto del coronavirus impide al Gobierno servir su deuda. Que el FMI, como hizo con Argentina, recomiende públicamente al Ecuador a que haga a sus acreedores partícipes de la solución, aceptando una reducción de la deuda.

La solución es restructuración de deuda con ajuste y con apoyo del FMI.


Fuente: El Universo

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