La carga tributaria

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Por Alberto Dahik Garzozi

Los defensores del Estado obeso y de la asfixia regulatoria que existe en el Ecuador, frecuentemente mencionan que la “carga tributaria” del Ecuador no llega al nivel de otros países. Esto es verdad, pero lo que hay que entender es que la carga está mal distribuida, y tiene muchas perversidades ocultas.

Si bien es cierto que hay impuestos muy bajos, como los prediales en especial en los barrios más pudientes, en los cuales las clases más privilegiadas pagan muy poco, el impuesto a las empresas, que son la fuente de la riqueza y del emprendimiento, de la producción y de la generación de empleo, es muchísimo más alto que en otros países.

Empecemos diciendo que el 15 % de repartición de utilidades a los trabajadores es un impuesto, disfrazado con eufemismos, pero incuestionablemente en su totalidad equivalente a un impuesto. Que no se lo lleva el Estado, es cierto, pero es en definitiva una “carga tributaria” para la empresa, que la estableció el Estado.

Luego de eso, añadamos que en el Ecuador existe una jubilación patronal altísima, para la cual las empresas tienen que hacer una reserva actuarial, la misma que afecta directa, directísimamente el resultado de las empresas. Esto es otra “carga”, que no puede ser ignorada, pues baja las utilidades, esto es el rendimiento del capital invertido.

Luego de eso hay una carga que deviene de los atrasos que el Estado tiene para devolverle a las empresas aquello que les corresponde, como reintegros de liquidaciones de impuestos, o devoluciones a los exportadores, y muchas cosas similares. Esto genera una carga financiera, que la pagan las empresas, y que es producto de tener que relacionarse con ese Estado obeso y hacer cosas en las cuales mete las narices ese Estado obeso. Y cuando existía el infame anticipo del impuesto a la renta, había que añadir el costo financiero de tal brutal apropiación indebida de fondos que hacía el Estado.

Luego en ciertos sectores hay obligación de comprar papeles del Estado, o de la CFN, a tasas por debajo del mercado. Eso también es una “carga tributaria”, quiérase o no admitirlo.

Y sin agotar la lista de cargas, recordemos que hay todo el costo de tener que lidiar con un aparato burocrático que por la asfixia regulatoria obliga a las empresas a tener personal dedicado a llenar formularios inservibles, dar información improductiva, y realizar trámites que podrían ser en línea, automatizados y eficientes. Si se compara esto con otros países, hay nuevamente otra “carga tributara”.

Finalmente, cuando todos estos costos se han sumado, que ya es una carga bastante pesada, el Estado se lleva el 25 % de lo poco que queda.

No es por lo tanto lógico, ni siquiera decente, el que se hable de “carga tributaria” de las empresas del 25 % y se compare esto con otros países. La carga tributaria no es cuánto se lleva nominalmente de impuesto a la renta el Estado. La carga tributaria es todo aquello que tiene una empresa que pagar, sea en forma directa como impuestos o en forma indirecta para darle gusto al Estado en el cual está operando. Y si vamos a esa cifra (además de la amargura que es lidiar con el aparato burocrático), la carga tributaria ecuatoriana para las empresas es simplemente gigantesca. Y son ellas las que pueden generar producción eficiente, empleo eficiente, y progreso de la nación. Cualquier pesada carga dificulta el conseguir esas loables metas.

Y si esto no es verdad, hay que preguntarse por qué el Ecuador es el país que menos inversión extranjera directa recibe en el continente americano. La respuesta es simple: porque además de la insoportable inseguridad jurídica de la cual hemos hecho gala por décadas, los inversionistas hacen el debido análisis de todos esos costos y del ambiente para hacer negocios y salen corriendo de aquí más rápido que Usain Bolt. En realidad, si hubiésemos querido ganar medalla de oro en las Olimpiadas, debimos haber medido la velocidad a la cual sale espantado un potencial inversionista que revisa todas estas cosas.

Esto se enfrenta de una sola forma. Con un convencimiento de que se debe ir a una economía libre, con Estado fuerte, pero pequeño y eficiente, con una simplificación de trámites, echando al tacho de la basura lo inservible y repetitivo y dándole al espíritu emprendedor facilidades y no cargas. Y para esto es fundamental una condición: no tener miedo y simplemente hacerlo.

Entre las cosas que se deben hacer, es permitir a futuro que no se tenga el 15 % de participación de utilidades ni la jubilación patronal de la forma en la cual hoy existe, para que la carga sea la correcta y el sinnúmero de ecuatorianos sin empleo pueda empezar a soñar en tener uno.

Quien quiera entender mejor esto, párese en un semáforo y vea a los ecuatorianos por miles vendiendo de todo, para tratar apenas de sobrevivir. Este es el Ecuador que debemos cambiar.


Fuente: El Universo

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