La dolarización, ¿acto valiente?

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Por Alberto Dahik Garzozi

En los últimos días, a propósito de los 20 años de la dolarización, se ha escrito, dicho, analizado y comentado mucho.

Una de las cosas que se han dicho es que la dolarización fue un acto valiente. Deseo comenzar expresando que he sostenido públicamente y lo reitero hoy, que me parece injusto que por haberse equivocado, o porque alguien así lo considere, inclusive una mayoría de la población, que un presidente es malo, un funcionario público, y más aún un mandatario pueda ser castigado judicialmente y exiliado. El expresidente Mahuad ha sido injustamente tratado en este sentido.

Sin embargo, y para sacar lecciones que sirvan hacia el futuro, debemos analizar lo que fue la medida.

La medida no fue valiente. No había nada más que hacer cuando la tomó. Alguna vez en una entrevista sostuve que Jamil Mahuad no tomó la medida, sino que la medida lo tomó a él.

Valiente es cuando alguien ve a una persona armada atacando a otra, y se mete a rescatarla. Valentía hay cuando alguien ve que otro se ahoga en un mar turbulento, y se lanza a salvarlo. Valentía no es estar desangrando y dejar entonces que los médicos lo operen. Uno se vuelve, en esas circunstancias, sujeto pasivo, no activo del proceso. La valentía requiere que el valiente sea el sujeto activo. No que las circunstancias lo obliguen.

Cuando el 2 de septiembre de 1945 Mamoru Shigemitsu, ministro de exteriores japonés, firmó el acta de rendición incondicional a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri, poniendo fin a la II Guerra Mundial, no hubo acto alguno de valentía. No tenía el Japón otra opción, y por eso esta decisión fue tomada por el emperador Hiroito, quien tampoco fue valiente, en el mismo país de los kamikazes.

La famosa frase de que la dolarización fue un salto al vacío es una frase absurda, y ¿por qué lo fue?

Porque mucho antes de enero del año 2000, ya para 1998, era absolutamente evidente que la demanda de dinero del Ecuador había colapsado. Una misma frase del expresidente Mahuad confirma esto: “Cuando tomamos la decisión ya existía una dolarización espontánea: el 70 % del monto de transacciones ya se realizaban en dólares”. ¿Sucedió esto tres días antes de dolarizar? ¡No!, esto se venía dando gradualmente y se lo debió haber entendido e interpretado correctamente. Esa dolarización de hecho fue por lo tanto muy anterior y no la quisieron ver. La aceleración del tipo de cambio y las altísimas tasas de interés eran signos inequívocos de que la demanda, o el apetito por sucres, estaba extinguido. En tal sentido, no cabía otra posibilidad, tan anticipadamente como el año 1998, de deshacerse de la moneda propia, y optar por otro signo monetario que diera confianza a la población. Por lo tanto no era un salto al vacío. Todo lo contrario, para quienes entendemos a fondo la economía era el único salto a tierra firme, era el único asidero seguro para no colapsar.

Si esto se hubiera hecho a tiempo, el feriado bancario no habría sido necesario, y el peso sobre el Ecuador de esa crisis habría sido muy inferior a lo que fue.

Los argumentos de que personal del BCE estaba en contra, y que el FMI estaba en contra, y que los políticos estaban en contra no son valederos. El gobernante toma las medidas correctas, y punto. Tiene que estar por encima de lo que piensen quienes no tienen la responsabilidad final de gobernar.

Si el equipo del presidente no recomendó apasionadamente desde 1998 deshacerse de la moneda, era el equipo incorrecto. No veían lo que tenían que ver.

Digo todo lo anterior sin ningún afán de personalizar el tema respecto del expresidente Mahuad, ni de dejar de reconocer que dolarizó la economía, firmó el decreto y finalmente el Ecuador fue por ese camino. Como igualmente firmó la paz con el Perú.

Digo todo lo anterior, porque una vez más, estudiando este episodio, nos damos cuenta de que con la economía no se puede jugar, y que cuando la indecisión, o la decisión equivocada priman sobre la que es correcta, el costo sobre la sociedad es impresionante.

Miremos la recesión de hoy. Miremos la dureza del momento actual, y pensemos que para el 2015 era ya obvio, evidente y claro que el país tenía que ir a los organismos internacionales y ajustar su economía y cambiar el perverso modelo a esa fecha vigente. Pues no se lo hizo, y hoy podemos comprobar las consecuencias de cuánto creció la deuda y cuán enredada está la economía del país.

La dolarización está ahí. No es buena ni mala. Es un sistema monetario. Eso no garantiza riqueza, ni prosperidad ni desarrollo. De hecho, eso lo estamos comprobando hoy. Nos evitó el colapso de Venezuela, pero no nos ha llevado al crecimiento de Panamá, que no tiene moneda propia, ni al de Chile, que sí la tiene. Y en Europa, donde hay muchos países con euro y sin moneda propia, es demasiado variado el crecimiento y progreso de los países. No depende eso del euro, ni del sistema monetario: depende de ser realmente valientes en el momento oportuno para llevar a los países por donde deben ir.


Fuente: El Universo

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