El Brayan y el Maykol

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0001a ROBERTOLOPEZ ef0f8Por Roberto López

Confieso que no sabía como intitular este artículo. Primero pensé en La Torre de Babel, luego en algo más moderno como Jhon Jairo en el país de las maravillas o mejor El Brayan y el Maykol en el sistema presidencial, que resume lo que somos y es la raíz de los problemas.

0001a ROBERTOLOPEZ ef0f8Por Roberto López

Confieso que no sabía como intitular este artículo. Primero pensé en La Torre de Babel, luego en algo más moderno como Jhon Jairo en el país de las maravillas (en Ecuador John se escribe así) o mejor El Brayan y el Maykol en el sistema presidencial, que resume lo que somos y es la raíz de los problemas: nuestra increíble inventiva, solo superada por la férrea resistencia a hacer lo que el resto del mundo hace. Somos tan berracos que escribimos los nombres como nos da la gana. A la m... el santoral y la ortografía. Y ahí es donde se comienza a hacer el ridículo cuando el oficial de inmigración en Miami coge el pasaporte y lee Sugeidi Pilataxi, Yovani Piguave o Yanpol Yuripamba. Es que si uno se apellida Sánchez como que suena bien llamarse Pedro, Jacinto o José y no Rathael Vrakley.

Bueno, exactamente lo mismo sucede si un estudiante de cualquier país del mundo “googlea” y ve que los únicos idiotas del planeta con cinco extrañas funciones en las que se divide el poder, son los locos Adams de la jungla Ecuador. Encima, la Asamblea va a herir de muerte al Cpccs, sin ver que dejan vivita y coleando a las sobrantes Funciones de “Transparencia” y “Electoral”, dando palos de ciego con sus ocurridizas formas de designar las autoridades.

Por décima vez: en el sistema presidencial... “es el pueblo quien elige un gobernante llamado presidente. Y también le da el poder de escoger quiénes lo acompañan en el gobierno. Pero para que no se pase de ‘sabroso’, le dice: OK, jefe. Tú designas tu equipo de gobierno. Pero te ponemos un Congreso -también elegido por nosotros- para que te controle. Y solo nombras (tú) a los que el Congreso aprueba”. La Asamblea no puede proponer enmiendas que consagren este caos de ternas, tómbolas y bingos para designar las autoridades de Gobierno.

El presidente nomina las autoridades, el Congreso confirma los nombramientos y estos vuelven al Ejecutivo para el “appointment” o designación presidencial. Por eso se llama presidencialismo. ¡Qué pereza explicarlo todas las semanas y que los asamblelistos no comprendan! Así se nombró a Otto... ¿Qué parte no entienden?

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