Las seis bombas

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0001 ALBERTO DAHIK a5e16Por Alberto Dahik

Un estudiante, en el primero de los varios cursos que dicté, seguramente enviado por cualquiera de los grupos que se llamaban “cabezones” “chinos” u otras más y que obedecían a intereses de Cuba, la URSS o China, se paró y me dijo: “Usted ignora las categorías marxistas en todo lo que nos está enseñando”.

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En el año de 1978, luego de haber estudiado en el exterior por 7 años, regresé al Ecuador donde comencé mi vida laboral como gerente técnico del Banco Central del Ecuador en Guayaquil. El decano de la facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil (UG), enterado de que estábamos en una labor técnica muy alta en el BCE, me solicitó que diera clases de teoría y política monetaria, cosa que hice para los alumnos del último año de carrera, esto es a quienes estaban “ad portas” de obtener el título de economistas.

El nivel académico que pude utilizar fue el que tomé como estudiante de segundo año de economía. El material que había visto en tercer o cuarto año de mi carrera, peor aún el del posgrado, era totalmente inentendible para los estudiantes de último año de economía de la UG. No tenían las bases para comprenderlo. Así de pobre era el nivel académico.

Un estudiante, en el primero de los varios cursos que dicté, seguramente enviado por cualquiera de los grupos que se llamaban “cabezones” “chinos” u otras más y que obedecían a intereses de Cuba, la URSS o China, se paró y me dijo: “Usted ignora las categorías marxistas en todo lo que nos está enseñando”. Le pedí que saliera adelante y le pregunté: ¿Puedes explicarme la teoría del Plusvalor de Marx, el valor intrínseco, el valor de intercambio y el valor de uso de los bienes según Marx? Hubo un silencio grande. Luego le pregunté cómo la productividad marginal de cero en el sector agrícola incidía en el salario ínfimo de la masa proletaria urbana. Hubo otro gran silencio. Le dije entonces: “No sabes nada de Marx, yo sí sé, pero no he venido a enseñar a Marx, sino teoría y política monetaria, que es un tema absolutamente técnico y científico y no ideológico. No tienes nada que hacer en esta clase”. Nunca regresó.

Esa es la imagen que me quedó de la Universidad de Guayaquil de aquel entonces. Era un centro de adoctrinamiento, y escenario de conflictos ideológicos y no de vida académica.

Desde épocas anteriores a cuando fui docente en esa Universidad que debe ser gloria para Guayaquil, hasta el día de hoy, con altibajos, con muy buenos y muy malos rectores, con episodios de gloria y con profundas simas, la universidad ha pasado por varios períodos. Hoy está en un momento crítico, a tal nivel que se ha necesitado una intervención del Estado y que un interventor trate de resolver los graves problemas que la aquejan.

A ese interventor, y a su gestión, la han galardonado grupos internos de la Universidad con 6 bombas. Al interventor, el Dr. Roberto Passailaigue Baquerizo, le toca andar en un vehículo blindado, y con seguridad antiterrorista.

Esto es suficiente para saber, que la oposición que enfrenta el interventor no es académica, no es cívica, es de otra índole, y que es una evidencia muy clara de la clase de intereses que están enraizados en la Universidad de Guayaquil, y la clase de personas que existen en la institución.

Jamás puede generalizarse este concepto respecto de los funcionarios, docentes y demás colaboradores, pero sí queda claro que las mafias, aunque son minoritarias en cualquier sociedad o institución, son las que lamentablemente controlan las cosas, y destruyen las instituciones. ¿Era la mayoría del pueblo colombiano igual en pensar y actuar a las FARC o a el ELN? Ciertamente que no. Los colombianos son gente maravillosa en su gran mayoría, pero esa minoría ha tiranizado al país, como también lo hizo el grupo de Al Capone con la ciudad de Chicago.

La valentía del interventor debe merecer el apoyo total del gobierno nacional, para rescatar a una institución emblemática, fundamental de la colectividad guayaquileña, y para evitar que llegue al punto en el cual su futuro se vuelva insostenible.

No hay nada, absolutamente nada que justifique los atentados, y esto es prueba suficiente de lo mal que está la institución, y de que el interventor está luchando contra ellas.

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