Qué horror, doña Michele

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Por Alberto Dahik Garzozi

El mundo diplomático no hay lugar para la ira, ni la pérdida de la compostura. No se levanta la voz, se responde con calma. Si esta es la norma para un diplomático, lo es más todavía para un secretario general de las Nacionales Unidas, para un secretario general de la OEA, o para un presidente del Parlamento Europeo. Cuando se representa a un organismo internacional integrado por varias naciones, el cuidado es todavía mayor.

En días pasados, y realmente recomiendo analizar en detalle el video de YouTube https://youtu.be/Bk8mEkl-6cE, una periodista le pregunta al secretario general de la OEA, Luis Almagro, lo siguiente: “Hace poco el canciller de los Estados Unidos nos dijo a la Voz de América, que las declaraciones de Michelle Bachelet de que las sanciones de los EE.UU. estaban agravando la crisis de Venezuela eran ridículas”.

El secretario Almagro se saca sus lentes, hace una pausa, respira profundo, se vuelve a poner los lentes y se los vuelve a sacar, y sin esconder su indignación, y en un tono nada diplomático (a mi gusto con toda razón) contesta: “Mire, nosotros no vamos a decir si son ridículas las declaraciones de la alta comisionada sobre el efecto de las sanciones a la población venezolana… la sanción más fuerte que ha tenido el pueblo venezolano ha sido la corrupción y por allí debió comenzar la comisionada… la segunda peor sanción son los 40.000 barriles de petróleo al día que se roba Cuba”.

Luis Almagro desenmascara a Michelle Bachelet, la desnuda. ¡Qué horror lo que ha hecho desde hace muchos meses la alta comisionada respecto de Venezuela! ¡Qué vergüenza para la mujer latinoamericana, cómo la está desacreditando!

Y hoy, cuando no le queda más salida que emitir informes donde claramente se evidencia la violación de los derechos humanos en Venezuela, como niña malcriada, desde su yo interior más profundo, dice que las sanciones de los EE.UU. están perjudicando al pueblo Venezolano, como para siempre excusar al irresponsable latinoamericano, y echarle la culpa al “imperio”, tal cual lo hacen Ortega, Maduro, Evo y los miembros de la FaRC en el Ecuador.

Qué bien hace el secretario general en indicarle cómo la corrupción ha destruido a ese país, califica él sin tapujos de ladrones sentados en el poder a quienes hoy gobiernan Venezuela con una dictadura. Califica de robo lo que ha hecho Cuba con Venezuela. ¿Qué ha dicho Michelle Bachelet sobre esto en todos estos años?

Ella representa a ese grupo de políticos con amarguras en su alma, que quieren a través de la función pública desquitarse de cosas que les han pasado, y pierden la objetividad y la razón.

Cierto que su padre fue arrestado y vejado por la dictadura de Pichochet, cierto que esa dictadura contó inicialmente con el apoyo de los EE.UU., cierto que esa dictadura violó derechos humanos, torturó, desapareció gente. Pero eso nada tiene que ver, conque por odio a los EE.UU. se pierda la objetividad, y por pasiones ideológicas se haya encubierto con un brutal silencio lo que el régimen de Chávez y Maduro han hecho, y que tampoco se haya pronunciado tajantemente sobre las atroces violaciones de derechos humanos y sobre la represión en Nicaragua.

La señora Bachelet es testimonio de dos cosas: la primera, ese doble discurso, esa incoherencia suprema que caracteriza a los postulantes del socialismo siglo XXI y de esa izquierda que odia: Castro fue un luchador, un revolucionario, Pinochet un asesino. Las FARC secuestran por un ideal y matan por un ideal; la policía, esos son asesinos torturadores.

Pero también ella representa la grandeza del Chile de hoy, pues ni siquiera una persona tan cargada de odios y prejuicios, tan inclinada a esa tendencia que ha destruido a muchos países de Latinoamerica en los último años, ha podido destruir el modelo de libertad económica y el modelo de institucionalidad de su país.

Si ella hubiese gobernado el Ecuador, habría sido muy similar al gobierno de la FaRC, habría tenido la misma actitud frente a los EE.UU., habría sido opuesta a los tratados de libre comercio, habría asaltado al Banco Central, habría intervenido en la justicia y todo aquello que aquí se hizo. Ella es en el fondo una militante más del socialismo del siglo XXI, pero fue atada de manos cuando presidenta por la gran institucionalidad de Chile y su modelo.

Ese país llamado Chile ha logrado la consolidación de un modelo económico de libertad, que ya no hace fácil que un loco de turno lo cambie.

El desenmascaramiento que hace Luis Almagro de la alta comisionada, que nos la muestra de cuerpo entero, nos muestra también la solidez de Chile, que resistió el paso de ella por la presidencia, y nos lleva a volver a reflexionar sobre la necesidad de que el Ecuador encuentre el camino para generar un modelo de libertad económica, que no ha tenido nunca por un período suficientemente largo, y que ese modelo pueda funcionar por mucho tiempo, para que se vuelva irreversible y, entonces sí, aspirar a salir verdaderamente de la pobreza y lograr la equidad, lejos de la gran mentira y del engaño populista. (O)

Fuente: El Universo

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