Gayland: la resaca

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Por Francisco Swett

Los resultados de sendas encuestas de opinión sobre el derecho de las parejas homosexuales a casarse arrojan aceptaciones de 17,5 % en Guayaquil y 31,4% en Quito. Las diferencias, altamente significativas, llevan a conjeturar que, contrario a lo que se piensa, en Guayaquil la influencia religiosa es más fuerte, la conciencia colectiva y las costumbres son más tradicionales, y hay un rechazo radical a la ideología Lgbti en sus diferentes manifestaciones. Para apuntalar el argumento, los cinco magistrados que reformaron la Constitución son vinculados a Quito, y los cuatro votos negativos son de acá y de Cuenca.

En una sociedad controlada por un Estado entrometido y disfuncional, existe le percepción de que lo que está en juego es el futuro de los niños. Para los padres heterosexuales el mayor riesgo está en la escuela, por la eventual imposición de contenidos, enseñanzas y costumbres que contradicen los comportamientos esperados. Hay el temor de que las nuevas generaciones crecerían en medio de una creciente confusión respecto de los roles que la naturaleza le asigna a los machos y a las hembras. Es también el caso que los niños adoptados que crecen con dos madres o padres, sin la figura del progenitor o progenitora, sobrellevan taras adicionales que hacen más compleja su crianza.

Las familias igualitarias no serán inmunes a los problemas que aquejan a los comunes mortales. Entre parejas de varones los dos son maridos, y las dos son esposas cuando de mujeres se trata. En el tiempo se darán las separaciones, infidelidades y divorcios que impactan a más de la mitad de los matrimonios. Cabría preguntar entonces ¿cuál de los “padres” y acaso alguna de las “madres” tendrá la patria potestad o pagará las pensiones alimenticias para los niños adoptados? Ya aparecerán los episodios de violencia doméstica igualitaria, que serán la comidilla de la crónica roja y, en fin, se vulgarizarán los lados oscuros de la vida cotidiana.

Los homosexuales han ganado una victoria pírrica cuyo resultado final está por verse. La Corte Constitucional ha violado el proceso y sus magistrados han evidenciado ignorancia de su propia Ley. No se requiere ser abogado para entender que han reformado la Constitución sin tener el poder para hacerlo; que han interpretado lo que no es interpretable (¿qué parte de ser hombre o mujer es lo que no entienden?); que lo han hecho sin contar con el número de votos requerido (siete); que han conformado una mayoría espuria en la que hay dos votos concurrentes y dos votos descalificables por prevaricato; y que han subordinado la Constitución a un cuerpo jurídico externo. Dicho en corto: han actuado en forma bochornosa, atentando contra la institucionalidad del país.

A menos que la evolución tomase otro rumbo y el hermafroditismo imperase, la ideología de género siempre representará a una minoría en cualquier población. Vista su agresividad (el denuesto es su forma preferida de debate), la ideología rechaza el principio de “vivir y dejar vivir” y propone la conquista del poder político y por lo tanto el control social. ¿Es esto compatible con el ejercicio de la libertad? No cuando se trata de atropellar el derecho de los demás.


Fuente: Expreso

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