BBC Mundo de Londres

Buenos Aires se encierra en el primer día de vuelta a la cuarentena más dura

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Buenos Aires y su área metropolitana han vuelto este miércoles al punto de partida en la larga batalla contra la pandemia de la covid-19: la fase 1. Las calles de la capital argentina estaban casi desiertas en la fría mañana tras el endurecimiento del aislamiento preventivo por el alza de casos positivos, más de 2.000 diarios.

La mayoría de comercios —a excepción de tiendas de alimentación, farmacias y negocios habilitados como talleres mecánicos y de bicicletas— han bajado las persianas por otras dos semanas y solo los trabajadores esenciales tienen autorizado el uso del transporte público. Nadie sabe hasta cuándo se extenderá la cuarentena y crece la desesperación por el duro impacto económico de una crisis que se agrava a pasos acelerados.

“Cada uno es responsable de cuidarse, pero hay gente que no tiene otra que salir”, lamenta Germán González a las puertas de su taller en Chacarita, donde la clientela ha caído cerca de un 30% desde que empezó el confinamiento, el pasado 20 de marzo. A sus 50 años ha atravesado ya numerosas crisis, pero cree que esta es peor que la del corralito: “En 2001 al menos funcionaba el trueque, la gente salía a rebuscársela, pero ahora no se puede, hay que quedarse en casa por el virus. Es una situación muy complicada”, compara.

Durante la primera quincena de julio, el Gobierno de Alberto Fernández pretende reducir casi a la mitad la circulación en Buenos Aires y su extrarradio, donde viven cerca de 16 millones de personas y se concentra el 60% de la actividad económica. “Tenemos un promedio de permisos para el área metropolitana de Buenos Aires que es un 50% menor de acuerdo a la semana pasada. Un total de permisos de trabajo de dos millones, más una serie de permisos especiales que es inferior a 150.000”, aseguró este miércoles la secretaria de Innovación pública de la Jefatura de Gabinete, Micaela Sánchez Malcolm.

El objetivo de las nuevas medidas es frenar la escalada de contagios y evitar el colapso del sistema sanitario que ha ocurrido en otros países. Argentina acumula 67.197 casos positivos de coronavirus y 1.351 muertes hasta la fecha. Más del 90% de los contagios se registran en la capital argentina y sus alrededores, por lo que las restricciones vigentes aquí no se aplican en gran parte del territorio argentino, que de a poco ha regresado a la normalidad.

En los accesos a la ciudad se han registrado largas colas de vehículos y se ha cortado el paso a quienes no tenían autorización. Los controles se han repetido también en las estaciones de tren como la de Chacarita, donde llegan los residentes de la zona noroeste del conurbano. Fuera de la estación, la mayoría de paradas de autobús tienen como mucho una o dos personas, que se mantienen separadas y con la mascarilla puesta. También es mínimo el uso del metro. Enfrente, la icónica pizzería Imperio no tiene ni un cliente y los cuatro empleados presentes aguardan a que empiece a sonar el teléfono para meter pizzas y empanadas en el horno y repartirlas a los distintos domicilios.

“No circula nadie, no vendo nada, es simple. A lo sumo un 10% que antes [de la cuarentena]”, resume Miguel, dueño de un kiosko de diarios. “No nos va a matar el virus porque vamos a morir de hambre”, agrega. La preocupación se repite en todos los negocios cercanos, en especial en las pequeñas cantinas que solían frecuentar los viajeros. Todas empezaron a hacer delivery, pero el volumen de ventas se ha desplomado y no pueden hacer frente a los gastos.

Argentina registró la mayor caída de la actividad económica de su historia el pasado abril, el primer mes completo en cuarentena. La actividad económica se derrumbó un 26,4%, lastrada por la parálisis de la construcción, el comercio y la industria. El dato de abril anticipa el tercer año de recesión económica, con una caída prevista de al menos 10 puntos.

“Entendemos que hay que cuidarse y nos parece bien, pero Argentina no es un país del primer mundo y casi no tiene recursos. La gente que no tiene laburo la está pasando re mal”, lamenta María, empleada de un local de venta de empanadas que viaja cada día dos horas en tren y colectivo para llegar hasta Chacarita. Originaria de Catamarca, en el noroeste de Argentina, asegura que envidia a las dos hermanas que viven ahí, donde la actividad es casi normal por la ausencia de casos.

El pesimismo de los porteños contrasta con la actitud del presidente, convencido de que la prioridad es salvar vidas. Fernández compara las cifras de Argentina con la de países vecinos como Chile, con cuatro veces más víctimas fatales pese a tener menos de la mitad de población. “La economía se resuelve”, dijo en su última comparecencia, cuando anunció el retroceso a fase 1, antes de vaticinar una rápida recuperación en la que pocos creen.


Fuente: BBC Mundo

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