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Masacre en Irak: el hombre que logró escapar de fosa común en la que mataron a toda su familia

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"Me sentí horrible. Vi que mataban a mi madre delante de mis ojos. No tenía ningún poder. No podía protegerla. No podía defenderla. Después de eso, vi a dos de mis hermanas asesinadas. No fueron solo mi madre y mis hermanas, mataron a todos mis parientes".

Su crimen: ser kurdos en el Irak de Saddam Hussein, que gobernó el país entre 1979 y 2003.

Taimour Abdulla Ahmed recuerda casi todos los hechos del día de mayo de 1988 cuando, a los 12 años, fue llevado a una fosa común junto a su familia. Pero escapó de la muerte físicamente, aunque no emocionalmente.

"Estaba muerto. Mi corazón murió con mi madre y mis hermanas en ese cementerio", dijo a la BBC.

Le dispararon en el brazo y la espalda, pero logró salir de la fosa en la oscuridad y sobrevivió milagrosamente.

Ahmed tiene un recuerdo muy claro de la atrocidad, y no rehuye compartir los detalles más gráficos de ese día.

"Vi una bala alcanzar a mi madre en la cabeza y su bufanda se desprendió debido al impacto. Vi otra bala atravesar la mejilla de mi hermana y salir de su cabeza", cuenta.

"Mi otra hermana recibió un disparo en el brazo y la sangre fluía como el agua", dice.

El hombre tiene recuerdos recurrentes y cuando se duerme o ve a un bebé o una niña, piensa en lo que le sucedió a su familia.

"No puedo vivir como un humano normal", dice. "Muero cada vez que lo pienso".

Ahora con 43 años, le contó a la BBC sobre su notable historia de supervivencia y búsqueda de justicia.

Sin conciencia

En junio, las autoridades iraquíes comenzaron a desenterrar el sitio donde Ahmed cree que sus parientes están enterrados, pero no se lo notificaron. Planean volver a enterrar los cuerpos en la región kurda.

Esto lo enfurece: dice que no tiene sentido tomar los restos y reubicarlos de una manera tan secreta.

"Quiero que todo el mundo vea lo que le sucedió a nuestra gente. Quiero que las cámaras se acerquen a los cuerpos de niños inocentes aferrándose a su madre justo antes de que les disparen", dice.

Siente que hay muy poca conciencia sobre la brutalidad de la masacre y cree que la respuesta internacional ha sido tímida.

Ahmed ahora vive en Estados Unidos, pero regresó a Irak luego de que unos amigos lo alertaran de que las tumbas estaban a punto de ser exhumadas.

Ahora Ahmed está luchando para evitar la exhumación de la fosa común que cree que contiene los restos de su madre, hermanas y parientes cercanos.

Asesinato en masa

En la última década, se han descubierto muchas fosas comunes kurdas en Irak.

El gobierno iraquí dice que hay más de 70 de ellas, de los cuales 17 han sido abiertas.

Durante las etapas finales de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), Saddam Hussein desató una campaña militar asesina conocida como "al Anfal", contra los kurdos que vivían en el norte del país.

El objetivo era castigar a una facción que había estado colaborando con los iraníes y aplastar las ambiciones kurdas de autogobierno.

La organización Human Rights Watch dice que hasta 100.000 personas murieron en una limpieza étnica sistemática, que implicó el uso de armas químicas.

Fuentes kurdas elevan el número de muertos aún más, a 182.000.

Pueblo rodeado

Ahmed recuerda claramente cómo cambió el estado de ánimo en su familia y en su pueblo, Kulajo, al enterarse del inminente asalto de los hombres de Hussein en abril de 1988.

"Las aldeas en el norte de Irak fueron rodeadas una por una", señala.

Hasta donde él recuerda, su pueblo estaba completamente habitado por miembros de su familia extensa, en su mayoría agricultores.

Kulajo estaba escondido dentro de un área montañosa en una región escasamente poblada. "A menos que uno conociera bien el área, era difícil encontrar nuestro pueblo", sostiene Ahmed.

Pero no faltaron los kurdos que estaban dispuestos a trabajar con el régimen de Hussein.

"Fueron ellos quienes guiaron a las fuerzas iraquíes a nuestras aldeas", asegura.

En ese fatídico día de abril, se ordenó la salida de toda la aldea, compuesta por 110 personas.

"Dijeron: 'Hemos abierto un campamento para la gente y ustedes irán a vivir felices ahí. Tiene de todo, desde agua hasta electricidad'", cuenta.

Algunos fueron agrupados en vehículos militares. La familia de Ahmed decidió seguirlos en su propio tractor.

Segregación

Finalmente fueron llevados a una base militar en Topzawa, en el norte de Irak, donde los hombres fueron separados y vendados de los ojos. Esa fue la última vez que Ahmed vio a su padre, Abdulla Ahmed.

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