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a no hay colegislador. El legislador único será Rafael Correa y los más
de 90 asambleístas que asegure Alianza País se dedicarán a la mecánica
legislativa: socializar textos y votar por paquetes construidos con la
brújula de Carondelet.
A juzgar por el recorrido de la mayoría de
legisladores que repite en el cargo, la posibilidad de deliberación
interna pudiere menguar al punto de un silencio funcional hasta
acelerar las transformaciones del proceso político correísta. En buena
medida, ellos están allí por un Presidente de la República que, ahora
sí, se erige como el único motor del Estado. El endoso de votos del
líder, más la diversidad de métodos de asignación de escaños, construyen
el búnker oficialista. Por ende, ya no mediarán excusas para cambiar
las relaciones de poder en el país, según el criterio neopopulista de la
tendencia. Tampoco podrá usarse la muletilla de los 'infiltrados',
porque ahora, incluso más que en los tiempos de la Asamblea
Constituyente, el Primer Mandatario contará con un bloque-aplanadora
prusianamente programado para fabricar leyes a granel, sin la
"obstrucción", como ellos dicen, de la oposición. Así,
concomitantemente, la Fiscalización, en términos teóricos y en la medida
de la 'denunciología' de los últimos años, pudiera desaparecer del mapa
legislativo.
Además, con rostros propios y con una decena de nombres
que pueden sumarse bajo la herramienta de las alianzas, Correa tiene
luz verde para podar la Constitución de Montecristi, especialmente en lo
relacionado con los derechos de la naturaleza, la correlación de
fuerzas y contrapesos en el Estado, y con respecto a un punto esencial
para consolidar el modelo: la reelección indefinida. El 57 por ciento de
electores, por lo pronto, ha dado un nuevo cheque en blanco hacia el
2021.
Si se extiende la apreciación más allá de Alianza País, los
resultados para la Asamblea dan cuenta del punto de crisis de los
movimientos constitucionalistas que defendían la 'pureza' de la Carta
Magna del 2008. El Movimiento Creo, de acuerdo con los primeros conteos
la segunda fuerza política, prometió una reforma constitucional.
¿Qué
está pendiente en materia legislativa? En el oficialismo se solía
sostener que la Ley de Comunicación no les quitaba el sueño. En cambio,
el discurso de Rafael Correa, la tarde del 17 de febrero, dio cuenta de
cuáles serán las prioridades.
Luego será el turno de un Código Penal
disciplinador de la sociedad. Las transformaciones a las leyes de
seguridad social incidirán en la agenda, con el riesgo de socavar la
sostenibilidad del modelo. Y de allí, el límite será la contemplación de
una oposición que difícilmente logrará articularse en función del país y
que, en el caso de que alguna tesis permita ir más allá de la baldosa
cuadrada de las diversas tiendas, su margen de maniobra queda exiguo. La
posta, en este ámbito, supone un desafío para lograr una nueva conexión
con la sociedad.
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