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Hoy propone un debate la Cámara de Comercio de Guayaquil. Tal vez otras instituciones o grupos de medios hagan lo propio. Ya se esperaría de los candidatos olvidar por unos minutos la demagogia, elaborar propuestas serias y enfocar sus ataques al plano ideológico y no a la diatriba personal en la que muchos políticos son expertos.¿ Será mucho pedir?
Tres debates presidenciales y uno vicepresidencial se dieron en los Estados Unidos entre los candidatos de los más grandes partidos: el Demócrata y el Republicano. Millones de teleespectadores los siguieron y muchos tomaron decisiones sobre su voto tras observar a ambos candidatos, sus actitudes y sus pareceres. De la democracia norteamericana es una de las costumbres más positivas. Tienen otras que no lucen muy democráticas, especialmente el voto electoral donde en varias ocasiones el ganador en los votos de la gente no es el que obtiene la Presidencia por un complejo sistema que ya hemos intentado explicar y entender. En el país, desde el retorno a la democracia en 1979, las prácticas de los debates de los candidatos presidenciales aportaron lo suyo. Una vez transformado el balcón velasquista por la pantalla de la televisión, cautivar a los millonarios auditorios era la tarea de los candidatos. La frase de Velasco Ibarra: ‘dadme un balcón y seré presidente’ pareció trocar en: ‘dadme una cámara y será presidente’, sin autor claramente conocido al que se le atribuya. En los albores de la vuelta a los gobiernos civiles conocimos las propuestas de Sixto Durán Ballén, recreamos la oratoria de Raúl Clemente Huerta, empezamos a escuchar los argumentos de Rodrigo Borja, las suspicacias de Abdón Calderón Muñoz y la postura del pensamiento de izquierda ortodoxa y fluida palabra de René Maugé. Extraído de las filas de un partido populista, CFP, el joven Jaime Roldós cautivó en la tarima y en la tele.Los debates eran de ideas, no exentos de ataques a las posturas ideológicas, pero salvo alguna excepción siempre conservaron el rango de una confrontación de tesis. En la segunda vuelta de la campaña de 1984 el debate entre León Febres Cordero, que ganó la elección, y Rodrigo Borja fue un momento culminante. En las elecciones de 1988 muchos candidatos lo evadieron y otros asumieron la opción pero Abdalá Bucaram, eludió enfrentar a Borja en la segunda vuelta y prefirió los insultos y las burlas. Para 1992 hubo algunos encuentros en primera vuelta pero ninguno en la segunda ronda. Desde entonces la sucesión de presidentes por derrocamientos abrió una etapa tan vertiginosa como preocupante para la estabilidad institucional. La irrupción de Álvaro Noboa y sus sucesivas segundas vueltas imposibilitó debates finales. Fue el candidato Rafael Correa en 2006 a tres debates televisados, en primera vuelta pero en su primera reelección en 2009, no hubo ninguna de estas tribunas. Hoy propone un debate la Cámara de Comercio de Guayaquil. Tal vez otras instituciones o grupos de medios hagan lo propio. Ya se esperaría de los candidatos olvidar por unos minutos la demagogia, elaborar propuestas serias y enfocar sus ataques al plano ideológico y no a la diatriba personal en la que muchos políticos son expertos.¿ Será mucho pedir?
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