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Ojalá estas letras sean una mínima aportación como parte de un debate conducente a lograr sabias resoluciones por el bien de la fe. El cristianismo que heredamos de los españoles que nos conquistaron prima en Latinoamérica, por lo que siendo tan importante entre nosotros preocupan algunos asuntos delicados -por decir lo menos- que presenta; entre ellos, a criterio de algunas personas entre las que me incluyo, se distingue el controvertido celibato sacerdotal, que sería causal de vergonzosos sucesos, tales la pedofilia de unos sacerdotes y la falsa moral de otros, agravado con la aparente inicial tolerancia institucional sobre estas situaciones hasta que son descubiertos los hechos, produciéndose entonces escandalosas revelaciones. Es que respetando los fundamentos que esgrimen las altas autoridades eclesiásticas del Vaticano y personas más versadas en la materia, algunos hombres de a pié, como este servidor, consideramos que este es una norma eclesiástica contra natura, ya que se piensa, la sexualidad es parte del existir mismo de una persona considerada normal; prohibirla solo genera lo que ahora la prensa comunica cada vez más seguido: Violaciones a niños, homosexualidad, doble moral de religiosos, paternidad irresponsable y atentados contra los fondos monetarios que la caridad y generosidad producen; tal, el escándalo en el que el obispo director de Caritas de Argentina, recién fue fotografiado con su amante gozando de las playas mexicanas. Casos como el del televisado “padre Alberto”, que ya va por su segundo vástago y la múltiple e irresponsable paternidad del ex obispo y ex presidente paraguayo Fernando Lugo, abonan sobre lo que sostenemos del celibato; y estos son solo dos reveladores eventos, de los tantos que de boca en boca circulan y conocemos casi a diario, afectando la confianza y fe que tenemos en el catolicismo que se profesa mayoritariamente en esta porción del globo. A lo anterior puede atribuirse el éxito que otras ramas del cristianismo y también otras religiones tienen en la captación de nuevos feligreses. Sin precisar, se advierte que cotidianamente se pierden muchos devotos católicos, quienes migran encontrando situaciones más reales -sobre este punto especialmente- en esos círculos religiosos. Este tema, por ser tan profundo y trascendente es de incumbencia de los más altos círculos y autoridades de la iglesia en el Vaticano y a pesar de ser algo tan lógico, como anoto al inicio, es postergado su tratamiento por consideraciones de variada índole, permaneciendo vigente y afectando la transparencia que debe brillar en algo tan íntimo y fundamental como es esta religión que profesa gran parte de la humanidad. Ojalá estas letras sean una mínima aportación como parte de un debate conducente a lograr sabias resoluciones por el bien de la fe. Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. Por favor, ingrese con su usuario y clave , o regístrese.
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