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Por Felipe Burbano de Lara
La dispersión opositora favorecerá a Correa. Si no aparece un candidato contrario que aglutine un amplio espectro partidario e ideológico –yo pienso que tendría que ser del centro hacia la derecha- Correa no tendrá problema de ganar, nuevamente, en la primera vuelta.
El panorama político ha puesto sobre la mesa de discusión un tema crucial para el futuro del correísmo: si habrá o no segunda vuelta en las elecciones de febrero.
La pregunta surge frente a una sospecha bastante fundada: si Correa no logra ganar en la primera vuelta, entonces deberá enfrentarse a toda la oposición unida en la segunda vuelta. Y si eso ocurre, los números hacen pensar que le será muy difícil ganarles a todos. Este escenario se deriva de la propia lógica antagonista mantenida por la revolución: Correa no tiene aliados, solo una suma interminable de enemigos.
Hay que recordar que el presidente puede ganar en primera vuelta si alcanza la mayoría absoluta de los votos o si obtiene el 40% y una diferencia de diez puntos con el segundo. La información disponible que mejor puede ayudar a delinear el escenario electoral –no a predecirlo- son las votaciones de la consulta del 2011 por ser las más recientes muestras de adhesiones al presidente. Si se compara los resultados de esa consulta con las de 2007 (a favor o en contra de la constituyente) y las del 2008 (a favor o en contra de la nueva constitución), los datos son concluyentes: Correa ha ido perdiendo votación de manera sistemática. De un 81,7% de respaldos a su tesis en el 2007, bajó a 63,9% en el 2008, y a 47,1% en el 2011. A pesar de la pérdida de adhesiones, si los resultados de la última consulta se mantuvieran estables, Correa ganaría cómodamente en primera vuelta.
Sin embargo, la última consulta mostró diferencias importantes de los apoyos a Correa en términos regionales. En las provincias serranas, el presidente alcanzó un empate (45,0% por el sí y 44,9% por el no); en las amazónicas sufrió una derrota aplastante (36,4% sí y 52,5% no); y en la costa ganó con relativa comodidad (50,21% si y 36,5% no). En términos provinciales, recordémoslo, Correa ganó en 12 provincias y perdió en 12. Donde perdió menos votación fue en las provincias de la costa; donde más disminuyeron sus apoyos, en cambio, fue en las provincias amazónicas y en las de la sierra central. A raíz de este resultado, la revolución concentró esfuerzos para consolidarse en la costa y tratar de capturar Guayaquil, una plaza largamente anhelada por el correísmo. Solo en este contexto se entiende la importancia de una reciente declaración de Correa cuando dijo que Guayaquil será el próximo bastión de la revolución ciudadana. Si Guayaquil no se vuelve su bastión, entonces el panorama electoral se le presenta muy complicado. Mi sospecha es que Correa ha perdido algo de puntos desde la consulta del 2011 –sobre todo en Quito- pero no los suficientes como para no alcanzar el 40%. El problema, como se puede concluir, no está solo en Correa, sino en el bando opositor. ¿Hay algún candidato que pueda alcanzar solo más del 30% de los votos para forzar una segunda vuelta? Mi respuesta, en este momento, es no. La dispersión opositora favorecerá a Correa. Si no aparece un candidato contrario que aglutine un amplio espectro partidario e ideológico –yo pienso que tendría que ser del centro hacia la derecha- Correa no tendrá problema de ganar, nuevamente, en la primera vuelta.
Fuente: Diario Hoy. Reproducción autorizada por el autor.
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