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Ph.D. es un nivel académico requerido para la investigación científica. No puede aspirarse a que, de la noche a la mañana, en un país donde casi no hay investigación, ahora todos los profesores sean primariamente investigadores.
Las autoridades se proponen mejorar de manera radical la deficiente educación universitaria ecuatoriana. Extraordinario propósito, emprendido con decisión, y al que se le asignan importantes recursos financieros. Ya era hora. Felicitaciones. Pero el proceso carece de democracia. Se lo impone desde arriba. Se prescinde del insumo que puedan dar las universidades, profesores y estudiantes para optimizar el proceso. Hay disposiciones que para los profesores son intolerables. No se toman en cuenta diferencias entre las universidades en cuanto a sus objetivos. Algunas metas son exageradas. Hace poco, se degradaron a pregrado los doctorados otorgados por las universidades nacionales, y los profesores tuvieron que seguir maestrías. Ahora se dispone que todos los profesores principales tengan Ph.D. para 2017: la maestría no basta. Según cálculo de las universidades privadas, se requerirá incorporar al menos doce mil Ph.D. en cinco años. No es realista. Hay profesores en la cincuentena que han dedicado dos décadas o más a la cátedra, y ahora se les impone la obligatoriedad de seguir un riguroso y largo nuevo proceso académico en el exterior, para poder conservar sus puestos de trabajo. A estos profesores debería pedírseles que cumplan con ciertos requisitos que demuestren su solvencia académica. Que quienes los satisfagan conserven sus puestos. El requisito de tener Ph.D. hace sentido para los nuevos profesores. Ph.D. es un nivel académico requerido para la investigación científica. No puede aspirarse a que, de la noche a la mañana, en un país donde casi no hay investigación, ahora todos los profesores sean primariamente investigadores. Para enseñar en el pregrado, el Ph.D. es un lujo, no una necesidad. En el pregrado es mejor tener buenos docentes que buenos investigadores. Cierto es que, cuando cursé mis estudios en la Universidad de California, todos mis profesores tenían Ph.D. Pero algunos de mis mejores profesores de pregrado no recibieron estabilidad al cumplir los cinco años del periodo de prueba por no haber producido investigaciones de suficiente calidad y en suficiente cantidad. Debieron dejar la universidad. En esta primera etapa de mejorar la educación universitaria no debemos llegar a esos extremos. En cuanto a la calidad de las universidades y su oferta a la población estudiantil, hay que ser más flexibles. Hay quienes estudian para alcanzar una educación de mejor nivel que el bachillerato, pero que no piensan ejercer una profesión liberal o académica. Hay profesiones que son más prácticas que teóricas. Hay que permitir ambas opciones. Debe haber cabida para universidades de menor nivel de exigencia académica. Luego hay el problema del aspirante a universitario. La educación secundaria es tan deficiente como la universitaria. Gran parte de los colegios hacen énfasis en el aprendizaje de memoria, pocos en desarrollar la capacidad crítica del estudiante. Buena parte de los aspirantes a universitarios se proponen trabajar tiempo completo, o al menos medio tiempo. ¿Qué se saca con tener profesores altísimamente preparados, si el rendimiento de los estudiantes es mediocre? Hay que establecer programas preuniversitarios en los colegios, elevar el nivel del profesor de secundaria. Que esta gran iniciativa, que abre la esperanza para que la preparación del ecuatoriano dé un salto cualitativo, no fracase por plantearse objetivos inalcanzables. Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. Por favor, ingrese con su usuario y clave , o regístrese.
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