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Lo peor es que a esta altura del partido la imagen internacional de este Olimpo criollo ya está por los suelos por guapas que sean algunas diosas, por esfuerzos que se haga para explicar que en esta tierra mitológica impera la libertad de expresión y que la guerra planetaria contra la prensa es invento de algún periodista antojadizo.
Como si la sintonía dependiera de la presencia o no de las figuras luminosas de la revolución del plasma y oropel, Zeus tonante prohibió a sus pastueños secretarios asistir a dos de los canales de mayor audiencia que por solo pecado tienen ser de capital privado. Lo propio dispuso para los diarios. En tiempos de la revolución y cuando está en análisis y bajo lupa la libertad de expresión nada peor que rebajarse a dar declaraciones a los medios libres de alcance nacional teniendo, como tienen en sus manos, un aparato de propaganda dócil y eficaz que divulga sin apuntar, lee sin cuestionar, reproduce sin analizar y nunca, eso sí jamás, repregunta, escarba, produce comezón al hiperpoder concentrado. Para los periodistas y medios que osan publicar asuntos incómodos, adelantar investigaciones sobre los entresijos de los negocios vinculados a ciertos personajes, el castigo ejemplar llegará tarde o temprano: será un epíteto, una diatriba, una descalificación, será una cadena dedicada con la rijosa locución de un antiguo compañero que trabajó en los canales que hoy son empapelados y denostados o, si la perturbación oficial es de alta temperatura, vendrá una exhibición en pantalla gigante pidiendo a los inocentes y felices aplaudidores que lo miren bien, para que cara no se les borre de la memoria revolucionaria verde flex que acumula odios y podría llegar a desatar siniestras venganzas. La verdad es que la televisión no pierde una milésima de punto si no asisten los ministros. Algunos de ellos son cumplidores a la hora de aceptar invitaciones y conscientes de su obligación cívica de rendir cuentas ante la opinión pública, por complejas que sean los cuestionarios. Ya no podrán. Lo cierto es que la entrega de información está garantizada por la Constitución y hay desde hace años una Ley de Acceso a la Información que manda a los empleados públicos, a dar libre entrada a los medios y los periodistas a los documentos públicos y lo normal sería permitir que los funcionarios que se sientan responsables y con las manos limpias den la cara o acudan a dar su versión de las cosas que para eso dicen con ostentación que vivimos en democracia y en tiempos de participación ciudadana. Lo que ocurre que al vetar los medios de acuerdo a la particular manera de ver el mundo de Zeus, se priva a los lectores, oyentes y televidentes de escuchar las versiones oficiales y las respuestas a las preguntas, por incisivas que fuesen, de los empleados públicos que, por lo demás cobran un sueldo que sale de los bolsillos de los contribuyentes. Lo peor es que a esta altura del partido la imagen internacional de este Olimpo criollo ya está por los suelos por guapas que sean algunas diosas, por esfuerzos que se haga para explicar que en esta tierra mitológica impera la libertad de expresión y que la guerra planetaria contra la prensa es invento de algún periodista antojadizo.
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