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El tiempo pasa y no perdona, pasa factura y a veces a un muy alto costo, la familia es lo único que tenemos, y es en lo único que realmente podemos confiar, todo lo demás es pasajero y circunstancial... Esa es la edad que acaba de cumplir mi hijo mayor, y creo que más que para él, es para mí una sensación extraña, pero a la vez placentera, de haber tratado de cumplir a cabalidad los roles de padre, y más que todo de ejemplo para alguien que se acerca a su mayoría de edad, y que según la nueva Constitución, está muy próximo a poder decidir quién administrará su futuro, en lo que políticas gubernamentales se refiere. No temo por la decisión que él vaya a tomar en ese sentido, considero sin falsa modestia, que es un joven tranquilo, mucho más de lo que yo era a su edad, y tengo la seguridad, que es bastante maduro para la edad que aún tiene, gracias a Dios, tengo la oportunidad de darle una buena educación, y más que todo, tratamos de darle un entorno familiar normal, sin lujos, pero con sus posibilidades básicas, que le permitan desarrollarse en sus preferencias, aunque algunas de ellas, no sean de mi especial agrado. No le gusta mucho la política, de eso yo ya me encargaré más adelante, pero las fibras solidarias si las tiene, y por eso creo, que cuando me toque orientarlo, no inducirlo, a lo que no le gusta, se me hará fácil el camino, porque especialmente soy de los que pienso, que la política es para servir, mas no para servirse, y en eso la solidaridad es un punto fundamental. Quince años son mucho, hemos tenido 6 presidentes en ese lapso, sin embargo en nuestra tarea como padres, esos años se han ido volando, y aún recuerdo como si fuera ayer, el día de su nacimiento, sus primeros años y primeras travesuras, sus primeras palabras, sus buenas notas y el orgullo que sentía cuando salía en el cuadro de Honor de su escuela, cuando me acompañaba en mis gestiones de tipo social, cuando tomó sus primeras decisiones, cuando se sintió mal por el rechazo de su primera “amiguita”; son cosas que uno valora, pero a la vez no se da cuenta que pasan día a día, y cuando miras para atrás y vuelves a ver hacia el horizonte, tienes un joven entre tus ojos, y lamentas todo el tiempo que perdiste en otras cosas, y no lo compartiste con ese ser, que más allá que sea tu hijo, es el hombre que según tus enseñanzas y ejemplos, regirá los destinos de la sociedad actual, a muy corto plazo. El tiempo pasa y no perdona, pasa factura y a veces a un muy alto costo, la familia es lo único que tenemos, y es en lo único que realmente podemos confiar, todo lo demás es pasajero y circunstancial, no debemos desperdiciar nuestro tiempo en actividades banales, hagamos las cosas como si fuera nuestro último día de vida, y disfrutémoslo en familia como si nunca se fuera a acabar, mi querido HIJO, YA SON QUINCE AÑOS. Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios. Por favor, ingrese con su usuario y clave , o regístrese.
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