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Por Rosalía Arteaga Serrano
Con curiosidad, y hasta con cierta sorpresa, como creo que muchos ecuatorianos lo hemos hecho, he leído el reportaje que realiza la revista Vistazo en su última edición, sobre una carta enviada por el asambleísta general Paco Moncayo al asambleísta Abdalá Bucarám Pulley; y luego, gracias al internet, he accedido a una copia de la mencionada carta.
La sorpresa se hace presente por una doble vertiente: primero, el que luego de pasados 13 años, no es esta una fecha de aniversario como un décimo año, o los 25 años; se dedique a hurgar en una temática que más bien ha sido reacio en abordar; y por otro lado, la segunda, viene dada por la serie de impresiciones que vierte en sus palabras, al menos en lo que a mi participación se refiere, como protagonista de los hechos de febrero del 97.
Parece que la memoria no le es muy fiel al general, hay una serie de aseveraciones que deberían ser enmendadas. Da a entender que yo fuí ante las fuerzas armadas juntamente con el Dr Solórzano, a la sazón presidente de la Corte Suprema de Justicia, cuando en realidad, frente a una invitación del consejo de generales y almirantes reunidos, entiendo que convocados por el propio jefe del comando conjunto, ante la gravedad de la situación, yo concurro para exponer lo que había acontecido, y también, para mi sorpresa en ese momento, encuentro al mentado Dr. Solórzano en el recinto militar. Así es que no concurrimos juntos como da a entender la mencionada carta, con la que trata obviamente de justificarse.
Otro punto, de los que puedo mencionar, en el que flaquea la memoria del general, quien aparece coincidencialmente muy cercano a otros golpes de estado, como lo conoce la opinión pública nacional, es en el que hace referencia a una supuesta propuesta mía para que asuma el ministerio de defensa, cosa totalmente alejada de la verdad. Yo no le hice ninguna propuesta de esa naturaleza; por lo que puedo aseverar que en este punto el general Moncayo miente de la manera más burda.
Conversé con los diferentes sectores, entre ellos el militar, dando a conocer mi posición y la necesidad, no por mí, sino por el país, de que se respete la Constitución. Ahora, a la luz que le da a uno la perspectiva y la distancia de los hechos acaecidos, estoy segura de que otra hubiera sido la historia del Ecuador de esta última década, si se hubiesen respetado los derechos y la Constitución.
La carta redactada por el ex militar convertido en político, obedece a que ahora seguramente busca aliados en la asamblea; tal vez vale recomendarle que vuelva a leer, porque seguramente en su hora ya lo hizo, el libro que escribí a raíz de los eventos y que fuera publicado en el mismo año 97 por la editorial Edino de Guayaquil, el libro lleva por título: "La Presidenta, el secuestro de una protesta".
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